Feministas se manifiestan en Valencia contra el nuevo Gobierno: “No estamos de acuerdo con que un partido de extrema derecha esté en las instituciones

Pancartas de una concentración feminista en Valencia contra la extrema derecha en las instituciones públicas
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Feministas protestan en Valencia contra la extrema derecha​

El nuevo Gobierno valenciano apenas ha tenido tiempo de calentar el sillón y ya se ha encontrado con una pancarta en contra. Un grupo de feministas se manifestó en Valencia con un mensaje que se ha replicado en redes hasta el infinito: «No estamos de acuerdo con que un partido de extrema derecha esté en las instituciones». La asistencia fue escasa, a juzgar por el recuento que hizo un participante. La discusión que ha abierto, en cambio, es de las que se alargan durante días.

Porque el asunto de fondo no es quién sostiene el cartel, sino la pregunta que dejó caer uno de los primeros mensajes: si la grandeza de la democracia es que la gente vota lo que quiere, el resto debería aceptarlo. ¿O no?

¿Es antidemocrático manifestarse contra el resultado electoral?​

En teoría, manifestarse es un derecho y perder una votación no obliga a aplaudir al ganador. En la práctica, hay quien sostiene que protestar por el resultado en sí —y no por una medida concreta— roza la negación del veredicto de las urnas. Es la línea que domina buena parte del intercambio: si el voto decide, quien pierde acata y se calla hasta la siguiente cita.

Un participante ironizó con que hemos pasado de la democracia representativa a una democracia sentimental, en la que el resultado merece respeto según lo que cada uno sienta al escucharlo. Y otro pidió que los medios señalen por igual a cualquiera que se manifieste después de unas votaciones para decir que el resultado no le gusta, sea del color que sea.

Conviene añadir el matiz temporal, que no es menor. Un participante recordó que antes se concedían cien días de gracia al Gobierno recién llegado antes de empezar a criticarlo. Ahora, añadía, el plazo se agota antes incluso de que el Ejecutivo tome posesión. La crítica se ha adelantado a los hechos.
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Subvenciones y «chiringuitos»: el argumento económico de la protesta​

Aquí el debate deja la acera y entra en la caja. La hipótesis que más se repite es que buena parte del tejido asociativo que protesta vive de dinero público: entidades y estructuras sostenidas con subvenciones que verían peligrar su financiación con el cambio de Gobierno. El cierre de esos chiringuitos, sostiene la versión más dura, sería mejor para la mayoría y peor solo para quienes, en su opinión, no aportan más que consignas.

La afirmación, de momento, viaja sin papeles. No aparece ni un presupuesto, ni un convenio, ni una partida concreta que cuantifique cuánto dinero público riega a quién. Y esa falta de números es, en sí misma, un dato del debate.

Un paralelismo histórico recorre esta parte de la discusión: hace más de un siglo, cuando cambiaba el Gobierno, los cesantes iban al paro en bloque —del cartero al bedel del ministerio— hasta que se separó la clase funcionarial de la clase política. El sistema actual, sostiene la comparación, habría reconstruido aquel turnismo a base de empresas públicas y semipúblicas, con plantillas que se recolocan o se van según quién manda.

Ocho asistentes, dos taxis y un recuento convertido en chiste​

También hay guerra de cifras, aunque nadie la haya declarado oficialmente. Un observador contó ocho asistentes, llegadas en dos taxis. A partir de ahí, la broma: que esas ocho serían fundadoras —y únicas militantes— de al menos seis organizaciones distintas. No hay dato de la organización, ni de ninguna administración, que permita confirmar o desmentir semejante aritmética.

La convocatoria llegó a describirse con sorna como una manifestación espontánea, y una curiosidad alimentó el comentario: la abundancia de camisetas, citas y pañuelos de CCOO entre las presentes. El detalle sirvió para poner en duda que la cosa fuera tan improvisada.

¿Molesta la extrema derecha o molesta la derecha?​

La sospecha más ácida es que el problema no es el adjetivo extrema, sino el sustantivo derecha. Si el partido señalado fuera de extrema izquierda, sostiene esta lectura, la pancarta no existiría. El corolario que añaden algunos es que el extremo opuesto del arco político no genera la misma alarma ni las mismas movilizaciones.

El argumento se completa con una comparación incómoda: se afirma que en la izquierda el extremismo sería incluso mayor que en la derecha y que eso no provoca ni una pancarta.



Mientras se discutía todo esto, otra imagen circulaba en paralelo: el himno nacional volvía a sonar en instituciones públicas valencianas después de ocho años, con emoción y lágrimas incluidas, según el mensaje que acompañaba al vídeo. Dos fotos, dos Valencias, ninguna capaz de responder a la pregunta inicial. Aceptar un resultado cuesta bastante más cuando el resultado es el otro.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Yo pensaba que la bondad de la democracia es que la gente vota lo que quiere, y el resto lo deberian aceptar... ¿o no?»
— El verdadero Frasier · legitimidad del resultado electoral
«Los medios al unísono deberían sacar los colores a cualquiera que se manifieste después de unas votaciones para decir que no les gusta el resultado.»
— pepeleches · papel de los medios tras las elecciones
«Antes se daban 100 días de gracia al nuevo gobierno antes de empezar a criticarle. Ahora antes de constituirse.»
— Thom son · plazos de crítica al gobierno
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Protestar el resultado electoral es antidemocrático45%
El rechazo es a la derecha, no al extremo30%
Manifestarse tras las urnas es legítimo25%
📌 DATOS
El mensaje que acompañaba al vídeo del himno habla de 8 años sin sonar en instituciones públicas valencianas
Según una intervención, antes se daban 100 días de gracia al nuevo Gobierno antes de empezar a criticarlo
📅 EVOLUCIÓN
Tras las elecciones autonómicas Se forma en Valencia un Gobierno con un partido de extrema derecha en las instituciones, el hecho al que responde la protesta
Constitución del nuevo Gobierno La protesta feminista se convoca contra esa presencia y su lema se difunde en redes sociales
Primeras semanas de legislatura El foco del debate se desplaza de la pancarta a las subvenciones, el recuento de asistentes y el doble rasero
Arranque de la legislatura Vuelve a sonar el himno nacional en instituciones públicas valencianas tras ocho años, según el vídeo difundido
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💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El paralelismo histórico entre los cesantes de hace un siglo y la red actual de empresas públicas y semipúblicas que se recolocan con cada cambio de Gobierno
✓El recuento particular de la protesta —8 asistentes en 2 taxis— y de dónde sale la broma de las 6 organizaciones
✓La pista sindical: por qué llaman la atención las camisetas y pañuelos de CCOO en una convocatoria presentada como espontánea
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