250 cuerpos en el festival Nova: dudas sobre la ubicación del evento
El festival Nova fue, durante horas, una fiesta más en el desierto. Al amanecer del sábado dejó de serlo. Fuentes israelíes dieron cuenta de la localización de
al menos 250 cuerpos solo en el recinto del evento, en el sur del país. La cifra se movió rápido: en pocas horas, los balances que circulaban hablaban ya de
unos 300 muertos en el festival. Lo demás —la ubicación del recinto, su seguridad, quiénes eran los asistentes— llegó después, y sigue sin cerrarse del todo.
Qué se sabe del ataque al festival Nova
El evento se presentaba como una cita de música electrónica de gran formato y su comunicado lo enmarcaba en la festividad de Sucot, con el reclamo de ser el primer festival
legendario de este tipo celebrado en Israel. Estaba anunciado en su propia página web y en redes sociales, a la vista de cualquiera. Los relatos de quienes sobrevivieron coinciden en lo esencial:
hombres armados con fusiles automáticos entraron en el recinto al amanecer y abrieron fuego contra una multitud que bailaba al aire libre. La autoría se atribuyó desde el primer momento a milicianos de Hamás, en la línea de lo publicado por medios internacionales.
Una de las asistentes que logró escapar contó que los atacantes llegaban «de cuatro o cinco lugares», de modo que no había una dirección segura hacia la que correr. Abandonó el coche, echó a andar y acabó tendida en el suelo, con disparos alrededor; se ocultó entre unos árboles. Los vídeos difundidos esas horas muestran dos escenas: la fiesta minutos antes del ataque y la huida de decenas de personas por el descampado. Los cuerpos se fueron localizando a lo largo del día.
¿Era una temeridad celebrar un festival junto a Gaza?
Es la pregunta que sobrevuela todo el asunto. El recinto estaba en el sur del país, a escasa distancia de una de las fronteras más conflictivas de la región. Quien ha estado por la zona lo resume sin adornos:
el acceso a la franja exige permisos que casi nunca se conceden, mientras los núcleos israelíes cercanos reciben cohetes desde hace décadas. Y el evento, además, estaba publicado con todo detalle en internet.
Hay quien sostiene que concentrar a miles de jóvenes en ese punto era un
riesgo conocido y asumido, y quien responde que la seguridad de un evento no es cosa de los asistentes. La discusión tiene fondo de manual: dónde acaba la previsión razonable y dónde empieza la
dejación. En medio circula una sospecha sin confirmación: la de que el recinto carecía de una vigilancia proporcionada a su tamaño. Nadie ha aportado pruebas de ese extremo.
Quiénes eran las víctimas: israelíes y extranjeros
El festival reunió a un público joven, en buena parte israelí, con presencia de personas de otras nacionalidades desplazadas hasta el sur del país. Entre las víctimas confirmadas hay ciudadanos de varios países, aunque no se ha difundido un desglose por nacionalidad. Varios de los fallecidos tenían doble nacionalidad, un perfil habitual en una cita de estas características en la zona.
Esa mezcla de perfiles —veinteañeros de vacaciones, residentes, visitantes llegados para la festividad— explica por qué el suceso tuvo eco inmediato en tantas cancillerías. También explica la incomodidad de muchos gobiernos, obligados a hablar de ciudadanos propios muertos en el ataque mientras calibran cada palabra.
Las teorías sin pruebas que rodean al festival
A la tragedia se le ha pegado, como suele ocurrir, una capa de lecturas sin respaldo. Se ha especulado con el cartel del festival y con su página web, a los que se atribuye una supuesta simbología oculta que nadie ha demostrado. Se ha insinuado que el evento funcionaba como
provocación y que la escasez de imágenes del propio tiroteo en el recinto resulta, cuando menos, extraña.
Nada de eso está sostenido por pruebas. Que un festival se anuncie en internet y se celebre junto a una frontera caliente explica muchas cosas, pero no convierte una coincidencia en un plan. La certeza disponible, a estas alturas, es más tosca:
cientos de personas murieron en un descampado mientras bailaban, y las explicaciones sencillas no han llegado.
Si se consolida el balance y avanzan las investigaciones, lo previsible es un endurecimiento de los protocolos para eventos multitudinarios en zonas de riesgo: controles, distancias de seguridad, planes de evacuación obligatorios. Ahora bien, con la discusión donde está, ese debate técnico llegará tarde y arrinconado por las trincheras previas. La prevención rara vez da titulares.