El PSG de Luis Enrique arrasa al Inter en la final de Champions 2025
¿Se puede levantar la Champions sin Messi, sin Neymar y sin Mbappé? El PSG acaba de responder que sí. El club parisino se proclamó campeón de Europa tras arrollar al Inter de Milán en una final de la Champions 2025 que quedó resuelta mucho antes de lo que nadie preveía. En la previa se cruzaron pronósticos para todos los gustos —un 3-2, un 1-3— y el marcador final dejó a ambos a años luz. El partido se emitió en abierto, gratis, a las 21:00.
Un campeón sin sus tres estrellas
El detalle que más se repite es siempre el mismo: el PSG ganó sin Messi, sin Neymar y sin Mbappé, y con
Luis Enrique en el banquillo. La paradoja no es menor para un proyecto que durante años se construyó a golpe de talonario con nombres galácticos y que ahora firma su primer título continental con una plantilla más coral. La reacción del delantero que se marchó al Real Madrid precisamente para conquistar Europa, y que esta vez vio la final desde la barrera, provocó no pocos comentarios socarrones. Hay quien lo resume en una frase: fichar estrellas no garantiza nada si el equipo no juega como equipo.
Por qué el Inter llegó fundido a la final
El Inter no compareció. Varias voces apuntan a la Serie A: perder la liga italiana en la penúltima jornada, con doblete incluido del rival, habría sido un mazazo psicológico del que el equipo ya no se recuperó. A eso se suma el desgaste de haber competido a la vez en liga, copa y Europa, reservando titulares en partidos domésticos y quedándose sin nada al final. Quien sigue al conjunto italiano de cerca sostiene que firmó
su peor partido de la temporada justo en el momento más importante. El central italiano cuajó una noche para olvidar: rompió el fuera de juego en el 1-0 y desvió un balón hacia su propia portería en el 2-0. Otra parte del análisis, en cambio, coloca al Inter entre los cinco mejores equipos del continente y avisa de que volverá a competir por todo.
¿Por qué aburrió una final resuelta por goleada?
Aquí está la contradicción del partido: hubo goles y hubo bostezo. Una parte del público se quejó de un encuentro sin emoción, con un equipo aparcando el autobús y otro resolviendo a la contra. La crítica de fondo es más amplia: el fútbol actual premiaría el pase corto, la presión y el resultado por encima del talento individual, y eso aleja al espectador joven. Enfrente, la defensa del juego del PSG es igual de tajante: un equipo que gana por goleada no especula, y el que se aburre es porque esperaba otra cosa.
El espectáculo es lo que hay, viene a decir esta corriente. El duelo también dejó un nombre propio español reivindicado, el de un centrocampista al que muchos consideran históricamente infravalorado.
El debate arbitral que vuelve en cada eliminatoria
Como casi siempre que un grande arrasa, aparecen las suspicacias. Se recuerda Corea del Sur 2002 como episodio en el que el arbitraje alteró un torneo, y se responde que con el VAR ese tipo de escenario es hoy mucho más difícil de sostener. La conclusión más compartida es de sentido común:
si metes cinco goles, el árbitro no te los puede anular. Las quejas cruzadas entre aficiones —unas acusan al rival de haber sido ayudado, otras recuerdan capítulos arbitrales del pasado— se quedan sin recibo. El detalle del calendario, además, descoloca a los que buscaban excusas: el campeón jugó a domicilio su eliminatoria más dura.
Luis Enrique, el español que no celebró el gol
El técnico asturiano se llevó los elogios más repetidos. Se le define como
un genio de la estrategia, capaz de sacar rendimiento a un tridente letal y de impedir que sus jugadores caminen por el campo como espectadores cuando no tienen el balón. El apunte curioso llegó con el primer gol: no lo celebró, recordando su etapa de un año como jugador del Inter. Al margen del gesto, hay quien recuerda que su exigencia física es de otro nivel: a sus 55 años acumula varias pruebas de resistencia extrema. Y la pregunta que sobrevuela: ¿habría logrado lo mismo con una plantilla peor?
El PSG ya tiene su primera Champions. El que se fue a Madrid para ganarla mira desde la barrera. El fútbol, ese deporte que muchos dan por muerto cada mes, sigue sin necesitar guion para dar lecciones de ironía.