Portsmouth se echa al agua para frenar el desembarco de 150 migrantes
¿Qué pasa cuando el desembarco deja de ser una estadística y ocurre delante de todo un barrio? Eso es lo que se ha visto en Portsmouth, donde la llegada de una gran patera con más de 150 personas a bordo desató una protesta vecinal que acabó, literalmente, en el mar.
Protesta en el agua y una abuela con canoa
Tras una llamada difundida en redes por el activista Danny Tommo, decenas de vecinos se concentraron en el puerto para impedir el desembarco. Algunos se metieron al agua con kayaks y canoas para bloquear las embarcaciones; la policía respondió salpicándoles con agua, y los manifestantes devolvieron el gesto. La escena más surrealista la protagonizó una vecina de la tercera edad que llegó en canoa a llevar suministros a los protestantes del agua. La imagen dio la vuelta a las redes británicas.
Tres autocares a las cuatro de la madrugada
El desenlace llegó de madrugada. Según los relatos difundidos en redes, tres autocares con los migrantes desembarcados salieron de Portsmouth a las 4:00 del lunes 7 de septiembre. Vecinos que seguían los vehículos denuncian que la policía les detuvo para comprobar datos y el estado de los neumáticos, lo que a su juicio dio ventaja a los autocares. Hay también grabaciones que apuntan a que la policía francesa escoltó a migrantes hasta la playa de Gravelines, algo que París niega de forma sistemática y que alimenta la desconfianza mutua entre Londres y Francia sobre el Canal.
El relato oficial, en entredicho
La reacción política fue inmediata y polarizada. Críticos con el Gobierno sostienen que arrestar a manifestantes mientras se procesa a los recién llegados revela un doble rasero; el Gobierno defiende que el orden público y el derecho de asilo son compatibles. Otra corriente va más lejos y sostiene que hay una gestión deliberada del flujo migratorio, tesis sin prueba documental pero cada vez más extendida entre la población.
El dato incómodo es otro: la protesta ya no es una manifestación con pancartas en una plaza. Es gente normal, con canoas, a las dos de la mañana, en un puerto. El Gobierno británico lleva años prometiendo frenar las travesías del Canal. Sus vecinos han decidido intentarlo por su cuenta.