La tumba de Mahoma: mito, desaparición y patrimonio
La teoría de que la tumba de Mahoma no existe porque su cuerpo se pudrió contradice un hecho verificable: el profeta está enterrado en Medina, en la Cámara de Aisha, dentro de la Mezquita del Profeta. La paradoja es que, pese a esa evidencia, la desaparición de los lugares históricos asociados a su vida alimenta especulaciones.
La tradición islámica sostiene que los profetas son incorruptibles, pero eso no impide que exista una tumba. De hecho, el propio Mahoma advirtió contra la adoración de tumbas, como recoge el Musnad de Ahmad. La tumba existe, pero no es un objeto de culto.
La destrucción del patrimonio es real: la expansión urbanística en La Meca y Medina ha demolido hasta el 95% de los edificios históricos, incluidas la casa donde nació Mahoma y la de su primera esposa. Esto ha generado críticas y teorías conspirativas.
Algunos relatos históricos mencionan que Mahoma fue envenenado por una mujer cuya familia había sido ejecutada, pero estos episodios no son centrales para la cuestión de la tumba. Lo cierto es que la tumba está ahí, y los peregrinos la visitan.
Si la tumba existe, ¿por qué el mito de su desaparición persiste? La respuesta quizá esté en la opacidad de las autoridades saudíes y en la pérdida del patrimonio.