A ver, una cosa es decir que España tiene un problema serio de vivienda, infraestructuras y capacidad de absorción, y otra muy distinta es sacar la calculadora y decretar que «España explota en 5 años».
Si de verdad estuviéramos metiendo 1,5 millones netos de población CADA AÑO, en cinco años tendríamos +7,5 millones. Eso sí sería un cambio demográfico brutal y las consecuencias sobre vivienda, sanidad, transporte, salarios, etc. serían evidentes.
Pero ahí está precisamente el problema del argumento: no puedes convertir un flujo puntual o una cifra discutida en una constante durante cinco años y luego presentar el resultado como inevitable.
El INE parte en 2026 de unos 49,6 millones de habitantes y su escenario actual proyecta unos 53,8 millones en 2041. Es decir, +4,25 millones en 15 años, no +7,5 millones en cinco. Y el propio INE avisa de que esto es una proyección bajo determinadas hipótesis, no una predicción infalible.
Ahora bien, tampoco compraría el relato oficial de «aquí no pasa nada». La misma proyección del INE dice que el crecimiento sería exclusivamente consecuencia de la migración internacional, porque el saldo vegetativo seguiría siendo negativo.
Y además hay un detalle bastante más interesante para Burbuja: el INE proyecta casi 2,2 millones de hogares adicionales entre 2026 y 2041. O sea, aunque la población no se dispare hasta 60 millones, la demanda residencial puede seguir aumentando bastante.
Así que mi apuesta no es «España explota en 5 años», sino algo bastante menos cinematográfico y probablemente más incómodo: España puede seguir funcionando perfectamente a nivel macro mientras determinadas ciudades y servicios se van quedando pogre más tensionados.
No hace falta que explote el país. Basta con que el coste de vivienda, los servicios públicos y la productividad no sean capaces de seguir el ritmo. Ahí es donde está la verdadera discusión.