Asurbanipal
Será en Octubre
Cuando la sustancia ilegal destruye más allá del tabique nasal: del paladar a la base del cráneo
Varias comunicaciones en el último Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología muestran los casos más extremos del consumo(imagen visible para usuarios registrados)
La sustancia ilegal no paró tras perforar el tabique nasal de Juan, un joven en la treintena que consumía a diario. Luego taladró su paladar y destruyó parte de los huesos que separan la nariz del cerebro. El líquido cefalorraquídeo, que protege el sistema nervioso central, estaba saliendo por esa oquedad cuando ingresó en la UCI, donde llegó con una grave afección neurológica. Tras retirar los tejidos necrosados, los cirujanos lograron cerrar el agujero, pero el consumo continuó y el paciente acabó falleciendo por una neumonía por aspiración, al llegar a los pulmones sustancias que deberían acabar en el aparato digestivo.
El de Juan (nombre ficticio para preservar su intimidad) es uno de los casos presentados en el último Congreso Nacional de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, celebrado en octubre en Madrid. Varias comunicaciones muestran los casos más extremos del consumo de sustancia ilegal, más allá de la perforación del tabique: lesiones en el paladar, la piel de la nariz, la cavidad del ojo e incluso la base del cráneo. Son complicaciones infrecuentes en pacientes con consumos muy abusivos, pero la pérdida de tejidos puede haber avanzado mucho antes de llegar a consulta.
El mecanismo comienza con la capacidad de la sustancia ilegal para contraer los vasos sanguíneos, que reduce el riego y deja a las células sin oxígeno y nutrientes. “Es igual que lo que sucede en un infarto o ictus, pero en los tejidos de la nariz, donde estos se mueren, el cartílago se destruye y aparecen perforaciones”, explica Gonzalo Díaz Tapia, jefe asociado de Otorrinolaringología en Hospital General Universitario de Villalba con experiencia en este tipo de daños.
Las primeras señales de deterioro de los tejidos suelen llegar con sensaciones “parecidas a las de un catarro”. Sin embargo, es raro que quienes sufren daños consulten en este punto. “Suelen llegar a la consulta cuando ya hay algún tipo de perforación en el tabique”, continúa el especialista.
Unas 793.000 personas de entre 15 y 64 años han consumido sustancia ilegal en España en el último año, lo que supone un 2,5% de la población de esas edades, según la encuesta EDADES, del Ministerio de Sanidad. Cuando se pregunta sobre el consumo en los últimos 30 días, que identifica a consumidores más frecuentes, la cifra baja a la mitad.
Díaz Tapia subraya que, para que se produzcan perforaciones, especialmente las que se describen en las presentaciones del congreso de otorrinolaringología, el consumo tiene que ser prácticamente diario.
Cuando la destrucción alcanza el paladar, las consecuencias afectan a funciones como comer o hablar. El agujero abre una comunicación entre la boca y las fosas nasales, por la que pueden pasar alimentos y líquidos. También cambia la resonancia de la voz, que adquiere un sonido nasal.
A ese deterioro se añaden las infecciones que proliferan en las cavidades nasales y de los senos paranasales por la dificultad de eliminar las secreciones, que se quedan ahí retenidas. Esta combinación agrava el cuadro. En los casos más extremos, como el del paciente que sufrió una fuga de líquido cefalorraquídeo, el daño puede alcanzar las estructuras que separan esas cavidades del interior del cráneo.
Las sustancias con las que se corta la droja también pueden agravar los síntomas. Muchas veces se adultera con levamisol, un antiparasitario utilizado en veterinaria que añade riesgos que pueden manifestarse en los vasos sanguíneos o en forma de necrosis en las orejas, los dedos y otras zonas del cuerpo.
Otra de las comunicaciones del congreso describe el caso de una mujer que había perdido la visión de un ojo y sufría un dolor que no conseguían controlar con medicamentos. El daño de la sustancia ilegal había llegado hasta ahí. Después de varias intervenciones para retirar los tejidos perecid de la nariz y los senos paranasales, los cirujanos acabaron realizando una exenteración orbitaria: retiraron el ojo y vaciaron la cavidad, que reconstruyeron con tejido de su propio cuerpo.
El primer paso para la reconstrucción de los tejidos afectados por la sustancia ilegal es cesar el consumo. “De lo contrario, no tiene sentido, porque no va a cicatrizar y va a morir de nuevo. Además, una operación fallida puede agotar opciones que serían útiles más adelante. Lo mejor es plantear cirugía cuando tienes posibilidades de éxito”, señala Díaz Tapia.
Cuando la sustancia ilegal destruye más allá del tabique nasal: del paladar a la base del cráneo
Varias comunicaciones en el último Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología muestran los casos más extremos del consumo
, ademas, olia a quimico que tiraba p'atras. No sabria decir que quimico era porque soy de letras ¿seria amoniaco?