En enero hubo un accidente gravísimo. En octubre, otro. Entre ambos transcurrieron nueve meses durante los cuales no se corrigieron las deficiencias estructurales que amenazan la seguridad de una línea ferroviaria cada vez más sobrecargada y con unos sistemas de seguridad cuyos ordenadores, en conjunto, son menos potentes que un móvil de Samsung S26.
La línea Madrid-Sevilla fue concebida hace 35 años para un tráfico muy inferior al actual. La liberalización ha multiplicado las circulaciones sin que las infraestructuras, su mantenimiento y sus sistemas de seguridad hayan evolucionado en la misma proporción.
Las inversiones adjudicadas en 2022 para modernizar la señalización y los sistemas de seguridad obsoletos siguen sin materializarse. A ello se suman el deterioro de las instalaciones, las carencias de mantenimiento, las dudas sobre la preparación del personal y una gestión política donde las responsabilidades se diluyen.
¿La solución? Suspender temporalmente la circulación hasta verificar y reparar integralmente la infraestructura. Reducir drásticamente el número de trenes, por lo menos. Renovar vías, instalaciones y sistemas de control.
¿Van a hacerlo? No.
Porque supondría meses de interrupciones, pérdidas económicas multimillonarias y reconocer públicamente la magnitud del problema. Y porque lo que debió acometerse hace años no puede resolverse ahora en unas semanas.
Así que continuarán circulando trenes, cada vez más numerosos, sobre una infraestructura cuyas deficiencias no han sido suficientemente corregidas.
Mi pronóstico es inequívoco: habrá otro accidente grave en la línea Madrid-Sevilla, probablemente en pocos meses.
No será una fatalidad imprevisible. Será la consecuencia de seguir haciendo lo mismo después de conocer sus consecuencias.
Entre el 12 de mayo de 2027 y el 7 de agosto de 2027 volveremos a estar de luto nacional.
Tomar el AVE Madrid Sevilla es una decisión de alto riesgo.
La línea Madrid-Sevilla fue concebida hace 35 años para un tráfico muy inferior al actual. La liberalización ha multiplicado las circulaciones sin que las infraestructuras, su mantenimiento y sus sistemas de seguridad hayan evolucionado en la misma proporción.
Las inversiones adjudicadas en 2022 para modernizar la señalización y los sistemas de seguridad obsoletos siguen sin materializarse. A ello se suman el deterioro de las instalaciones, las carencias de mantenimiento, las dudas sobre la preparación del personal y una gestión política donde las responsabilidades se diluyen.
¿La solución? Suspender temporalmente la circulación hasta verificar y reparar integralmente la infraestructura. Reducir drásticamente el número de trenes, por lo menos. Renovar vías, instalaciones y sistemas de control.
¿Van a hacerlo? No.
Porque supondría meses de interrupciones, pérdidas económicas multimillonarias y reconocer públicamente la magnitud del problema. Y porque lo que debió acometerse hace años no puede resolverse ahora en unas semanas.
Así que continuarán circulando trenes, cada vez más numerosos, sobre una infraestructura cuyas deficiencias no han sido suficientemente corregidas.
Mi pronóstico es inequívoco: habrá otro accidente grave en la línea Madrid-Sevilla, probablemente en pocos meses.
No será una fatalidad imprevisible. Será la consecuencia de seguir haciendo lo mismo después de conocer sus consecuencias.
Entre el 12 de mayo de 2027 y el 7 de agosto de 2027 volveremos a estar de luto nacional.
Tomar el AVE Madrid Sevilla es una decisión de alto riesgo.
Última edición: