Rusia en fotos: cúpulas, madera y un debate sobre Stalin
¿Qué queda de Rusia cuando se le quitan los titulares de guerra? Un recorrido visual que arranca con una estatua de leyenda local sobre una carretera de Osetia del Norte y termina en el centro financiero de Moscú visto desde las pistas de esquí. Entre medias, más de un centenar de imágenes de campanarios, casas de madera, lagos azules y cascadas congeladas que dibujan un país que no sale en los informativos. El material acumula
169 respuestas a lo largo de casi cuatro años, y en ese tiempo el hilo pasa de la postal a la trinchera ideológica.
De Tomsk a Kabardino-Balkaria: la Rusia que no sale en los mapas
El arranque es puro catálogo geográfico. Osetia del Norte, un pequeño poblado a orillas del Don, la República de Kabardino-Balkaria con su lago azul y el castillo Erken, las cascadas congeladas de Chegem y el lago Gizgit. Después llega Tutaev, en la región de Yaroslavl, con su asentamiento partido en dos orillas que se conectan por ferry —cuyo horario conviene consultar antes de viajar— o cruzando el hielo en invierno.
Tomsk, en Siberia Occidental, se lleva la palma. La ciudad es
una reserva de arquitectura de madera rusa con más de mil edificios que deben preservarse. La llamada casa de los pájaros de fuego sigue siendo residencial: en 2008 se restauró, se reparó el techo con fugas y hoy luce espléndida en la calle Krasnoarmeyskaya, 67/1. Kaliazin, en la región de Tver, aporta un campanario en una isla del lago. Volodarsk, en Nizhny Novgorod, muestra la casa de verano del comerciante Bugrov, una construcción amarilla con tallas rosas y verdes que parece sacada de un cuento popular.
La lista sigue: Sergiev Posad, San Petersburgo, el campanario de la catedral de la Epifanía en Kazán —ligado al comerciante Ivan Semenovich Krivonosov, que se casó y bautizó a sus hijos junto a esas paredes—, la iglesia Znamenskaya en Dubrovici, el buque Sedov en el puerto de Kaliningrado, el paseo de Brujas cubierto de nieve, el interior de la recién inaugurada catedral de San Nicolás, el invierno en Tsárskoye Selo y el bazar de año nuevo en el patio de la Botella, en Nueva Holanda, que funciona hasta el 8 de enero.
El giro: de la postal al choque por Stalin y el nacionalismo
A mitad de recorrido, el tono cambia. Aparece una defensa cerrada de que la Unión Soviética se mira desde fuera con lentes de propaganda. El argumento:
según uno de los participantes, Stalin renovó el nacionalismo ruso, recriminalizó la homosexualidad, purgó el partido de judíos, legalizó la ortodoxia y puso en marcha la recuperación de los héroes del pasado. Se cita incluso a Yuri Gagarin como ejemplo de héroe nacional y devoto ortodoxo. La respuesta no se hace esperar: hay quien sostiene que el zar y Stalin no pueden compartir el mismo tatuaje ideológico y que ahí sobra uno.
La discusión deriva en un choque frontal sobre el legado soviético. Una corriente defiende que no hay país más admirable que Rusia ni pueblo más resistente al sufrimiento. Otra responde que lo único reseñable de Rusia se hizo en el oeste, con influencia alemana, prusiana y francesa, y en el sur, con los herederos del Imperio Romano de Oriente. El resto, dicen, es otra cosa. El intercambio se calienta y aparecen descalificaciones que este artículo no reproduce.
La grieta que no se cierra: admiración estética contra rechazo político
El hilo deja una contradicción sin resolver. Las mismas personas que comparten fotos de cúpulas doradas y casas de madera tallada discuten con dureza sobre el régimen que las construyó y el que las gobierna. Hay quien se entristece al pensar en el futuro que aguarda a los pueblos del viejo continente, «otrora orgullosos dueños del mundo civilizado». Y hay quien responde que edificios así los encuentras en cualquier ciudad española, con la diferencia de que aquí te cobran hasta por respirar dentro.
La geografía del hilo también juega su baza. Frente a la Rusia de los campanarios, alguien reivindica la Sierra de Alcaraz, la Sierra de las Cabras y la Laguna de Pétrola. El contraste es el resumen perfecto:
la belleza arquitectónica no absuelve al sistema, y el sistema no borra la belleza. Nadie gana esa partida.
Teorías, rumores y el ruido de fondo
En los márgenes del hilo asoma de todo. Una teoría sostiene que Estados Unidos y la agenda global quieren repartirse Rusia y China, con la OMS, la ONU y el FMI como instrumentos, y las vacunas como herramienta de control. Es una afirmación sin pruebas que el material recoge como opinión, no como hecho. También hay quien pide variedad en las imágenes y recibe como respuesta una fotografía de una mujer chechena, y quien bromea con que once páginas sin contenido explícito son demasiadas.
El centro financiero de Moscú, visto desde las pistas de esquí y desde un nuevo barrio residencial, cierra el círculo visual. La postal vuelve. La política, también.
Al final, el hilo hace lo que hace cualquier conversación larga sobre Rusia: empieza admirando una casa de madera y acaba discutiendo si Stalin era un nacionalista ruso o un enterrador. Las fotos siguen ahí, preciosas e incómodas. Alguien tendrá que decidir qué hacer con ellas.