Rusia acumula tropas en el norte y no las usa: el enigma del frente inactivo
En 2023 se incorporaron al ejército ruso
400.000 voluntarios, según el planteamiento que abrió esta discusión, y aun así el frente Norte permanece inactivo. Cientos de miles de soldados rusos esperan allí sin entrar en acción mientras las fábricas trabajan a tope y la munición no escasea. La paradoja es evidente: si la superioridad fuera tan abrumadora, ¿por qué no se ha lanzado una ofensiva que, sobre el papel, resultaría sencilla?
La respuesta corta es que nadie lo sabe con certeza. La larga ocupa esta pieza.
Qué se juega en el frente Norte y por qué no se mueve
El planteamiento inicial apuntaba a una contradicción difícil de digerir: Rusia tendría hombres, fábricas y balas suficientes para abrir un segundo gran frente, y no lo hace. La primera explicación que surge es geográfica. Avanzar por zonas boscosas, poco pobladas y bien fortificadas ofrece poco premio y mucho coste. El norte de Ucrania no es terreno para una maniobra rápida, sino para una carnicería lenta.
Hay quien sostiene que el ataque por el norte solo tenía sentido como
golpe de mano inicial —una entrada rápida hacia Kiev que forzara un cambio de régimen o una capitulación— y que, fracasado ese escenario, mantener la presión allí carece de objetivo militar claro. La operación del norte se paralizó y con ella se congeló también la lógica que la justificaba.
El argumento logístico pesa igual o más. Alargar un frente que ya es enorme multiplica los problemas de suministro, y el área ocupada por Rusia equivale, en extensión, a países enteros. Cada kilómetro adicional de frente es una boca más que alimentar, una trinchera más que guarnecer y una rotación más que gestionar.
La tesis del desgaste: contra la OTAN, no contra Ucrania
Buena parte del análisis sostiene que esta no es una guerra entre Rusia y Ucrania, sino entre Rusia y la OTAN, con Ucrania como terreno. Bajo esa lectura, el objetivo no sería conquistar territorio rápido, sino
machacar al ejército ucraniano y desgastar al bloque occidental mientras las economías europeas se hunden y los arsenales se vacían.
Desde esa óptica, abrir el frente Norte sería un error estratégico: ampliaría el frente, dispararía las necesidades logísticas y no aportaría ninguna ventaja decisiva. La ampliación del ejército ruso no estaría pensada para Ucrania, sino para un eventual enfrentamiento directo con la OTAN. Se acumulan soldados, no se gastan.
La contra cara de esta tesis es la que señalan los más críticos: si Rusia pudiera anular a Ucrania en dos semanas, ya lo habría hecho. Que no lo haga revelaría no una estrategia sofisticada, sino una incapacidad real. Las bajas rusas se cuentan por cientos de miles, el material perdido es ingente y el prestigio internacional ha quedado por los suelos. La operación especial se anunció como algo breve y se ha convertido en una guerra larga que Rusia no puede ganar, según esta corriente.
Odessa como objetivo real y el problema de los ríos
Si hay un punto en el que muchas voces coinciden es en que
Odessa es el objetivo que de verdad importa. Tomar la ciudad y controlar el mar Negro cerraría la salida marítima de Ucrania y cambiaría el equilibrio. Hay quien afirma que Rusia quería Odessa desde las primeras doce horas del ataque, y quien recuerda que ya existe una quinta columna prorrusa en la zona, según informaciones publicadas.
El problema es cómo llegar. Para alcanzar Odessa hay que cruzar el Dniéper y luego el río Ingul, y los rusos no tienen capacidades infinitas. Los ucranianos ya están teniendo problemas serios para cruzar el Dniéper en sentido contrario; los rusos tendrían los mismos, pero al revés. Avanzar por la costa, además, expone el flanco a que le partan el frente en dos.
La alternativa que algunos ven más plausible es Járkov. La ciudad estaría cada vez menos defendida porque las brigadas ucranianas se han desplazado al frente este, y un ataque allí podría poner en peligro Kupiansk y las unidades atrapadas al otro lado del río Oskil. En esa zona, Rusia tendría superioridad aérea y artillera. La estrategia sería que Odessa caiga como fruta madura, no por asalto frontal.
Quién sostiene qué: las posturas enfrentadas
El cuadro de opiniones es más variado de lo que parece. Una corriente defiende que Rusia juega al desgaste a largo plazo: limpia almacenes soviéticos, prueba armamento nuevo en Ucrania como banco de pruebas y espera a que la OTAN se canse de gastar. Otra sostiene lo contrario: Rusia no da para más, su ofensiva fue penosa y empeora cada día.
Una tercera vía apunta a que la guerra es un negocio lucrativo y que a nadie le conviene que acabe. Y una cuarta, más pragmática, considera que el frente ya es demasiado grande y que ampliarlo solo traería problemas. El propio planteamiento inicial reconocía que «algo se nos escapa» y que sería muy sencillo acabar con Ucrania, pero no se hace.
Mientras tanto, la cuestión de fondo sigue sin resolverse: si Rusia tiene 400.000 voluntarios nuevos, fábricas a pleno rendimiento y munición de sobra, ¿por qué el frente Norte sigue en silencio? La respuesta, a día de hoy, es que nadie ha dado una que convenza a todos.