Francia en llamas: escuelas ardiendo y disturbios sin control
¿Vuelve Francia a arder como en 2005? Los disturbios han regresado a las calles y, esta vez, entre los objetivos aparecen edificios escolares. Las imágenes de violencia urbana se viralizan a toda velocidad y el primer reflejo de cualquiera es buscar el precedente: las
banlieues que en 2005 estuvieron semanas en pie de guerra. El tablero político, sin embargo, es otro, y el eco llega hasta España.
El fantasma de 2005 y la promesa que no se cumplió
Tras los disturbios de 2005,
Sarkozy prometió expulsar a los inmigrantes en situación ilegal y a los criminales. Los franceses le votaron de forma masiva y, al llegar al Elíseo, la promesa quedó en nada. Es el relato que se repite una y otra vez. Hay quien añade un paralelo reciente: el canciller alemán
Merz habría incumplido igual su palabra nada más acceder a la cancillería. La tesis que circula es incómoda: los presidentes y cancilleres actúan como marionetas que mantienen la inacción mientras el problema crece. Es una lectura política, no un hecho probado, pero alimenta el voto de castigo.
El vídeo viral y el pulso con el Rassemblement National
Entre los clips que más circulan hay uno especialmente polémico: un joven escribe un lema contra el
Rassemblement National sobre una adolescente francesa, en el marco de los disturbios estudiantiles. El gesto resume la tensión del momento. La calle se mide con el partido de la derecha nacional y cada vídeo se convierte en munición política. La reacción de un lado azuza la del otro, y en ese intercambio el colegio deja de ser un colegio para ser un símbolo.
España mira de reojo: Sol, la Comunidad de Madrid y la calle
La comparación con España aparece pronto. Una parte del análisis sostiene que las protestas españolas palidecen al lado de las francesas: aquí, viene a decir, la contestación avanza dócil, sin apenas levantar la voz. También se traza el símil con la
Comunidad de Madrid y con las acampadas de la Puerta del Sol, para comparar intensidad y respuesta institucional. El detalle entra hasta en la vida doméstica: alguien recuerda el día que estrelló su televisor contra la pared. La ironía fina es que unos ven en Francia una revuelta de verdad y en España una puesta en escena, y otros sospechan justo lo contrario.
La escuela como campo de batalla
Que los edificios escolares entren en el foco cambia el marco. Ya no se quema una comisaría: se quema el lugar donde se suponía que todo debía arreglarse. Ahí el paralelo con 2005 se rompe, porque el símbolo elegido es otro. La discusión, de momento, sigue igual de encendida que la calle.
Con las calles ardiendo y las escuelas en el punto de mira, la pregunta ya no es si Francia tiene un problema. Es cuándo alguien explicará para qué sirvieron, exactamente, las promesas de 2005.