Francia protesta por el coste de la vida con el relato de la OTAN roto
¿Cuántos recibos hay que pagar antes de que la gente decida que ya no paga más?
Francia ha respondido con protestas que quienes las siguen describen como
multitudinarias y un malestar que, según las voces críticas que recorren el hilo, ya no se explica solo con la política interior. La reforma de las pensiones y del subsidio de desempleo están en el origen de las protestas, pero el combustible que las alimenta es otro: la factura de la energía, el carburante y la sensación de que las decisiones se toman muy lejos de casa. El relato que durante meses presentó la guerra de Ucrania como una cruzada compartida se resquebraja, según esa lectura, justo donde más duele, en el bolsillo. La pinza entre OTAN, Estados Unidos y Unión Europea empieza a costar más que defender.
¿Por qué protesta Francia? Pensiones, carburante y una factura que no cuadra
Las
protestas en Francia llevan meses con la mecha encendida. La reforma que extiende la edad de jubilación y recorta el subsidio de desempleo se empezó a cocinar en 2019, la pandemia la aparcó y volvió a la primera línea en cuanto el Gobierno renovó su mandato por cinco años. Sobre ese polvorín cayó la crisis energética: huelgas en refinerías que aprovechan el caos para negociar subidas salariales y una escasez de carburante que convierte cualquier desplazamiento en una lotería. Los análisis más tibios hablan de conflicto sectorial. En la calle se habla de llegar a fin de mes.
El relato antirruso pierde fuelle: las banderas que ya no están
Un participante que reside en Francia relata un detalle que, según su experiencia, casi nadie recoge. Hace mes y medio, las banderas ucranianas poblaban ayuntamientos, rotondas y edificios oficiales. Ahora, sostiene, han desaparecido casi por completo. Él lo interpreta como cálculo más que como olvido: con los precios desbocados y el carburante racionado, exhibir esa bandera se ha convertido en
provocación para buena parte de la población. Y eso ocurre, según otro interviniente, en un país donde no se ha organizado ninguna manifestación masiva contra Rusia, algo que a su juicio empieza a ser la norma en Europa occidental. La propaganda que estigmatizó a Moscú se debilita, siempre según este relato, desde un punto concreto: la
voladura del gasoducto del Báltico, el sabotaje que dejó al continente sin su fuente de gas barato.
Las cuentas del ciudadano medio: gas barato, gas caro y una pregunta incómoda
El razonamiento que circula por las conversaciones cotidianas es simple y no necesita titulares. No puedo pagar el gas. Rusia me lo daba barato. Ya no, por la guerra de Ucrania. Rusia será mala, pero me lo daba barato. Y encima le volaron el gasoducto. El encadenado termina siempre en el mismo sitio: paz, soluciones y ya. Ese es el terreno donde, según esta lectura, el discurso oficial ha perdido la batalla, porque ningún argumento compite con una calefacción apagada.
Nucleares tensionadas: por qué Francia sufre si tiene energía de sobra
Aquí llega la paradoja que descoloca. Francia tiene potencia nuclear e hidráulica para exportar electricidad y, aun así, su sistema eléctrico está al límite. Los metaneros hacen cola en sus puertos, las nucleares se están tensionando y los fallos técnicos se acumulan. Un interviniente apunta a una posible falta de uranio camuflada de averías, aunque ese extremo no está confirmado. Lo que sí sostiene es el calendario: esto no se arregla en un año ni en unos meses, como sí podría pasar con el suministro de gas, y cada invierno será peor.
Bielorrusia, el impago de 68 millones y la guerra de cifras
Mientras Francia se calienta, el frente financiero sigue abierto. Bielorrusia se ha negado a pagar
68 millones en intereses y alega que las sanciones le impiden operar en divisas. Una corriente sostiene que es un
default en toda regla: si no accedes a moneda extranjera porque te la tienen bloqueada, tienes un problema aunque tus reservas existan sobre el papel. Otra defiende exactamente lo contrario: que Minsk simplemente ha decidido no pagar porque sabe que Rusia y China le prestarán a interés casi simbólico, y que hablar de quiebra es confundir un desplante con una bancarrota. La discusión no es académica. Si el impago se normaliza como herramienta política, el próximo de la lista puede ser cualquiera.
El consuelo, si alguien lo necesita, es que las banderas se guardan rápido. Las facturas, en cambio, no.