Extrapolar el 28M al 23J: el PP ganaría sin mayoría asegurada
Feijóo gana las elecciones generales si el 23 de julio se vota como se votó el 28 de mayo. Nada más. Ganar y gobernar no son sinónimos, y la proyección publicada el 30 de mayo de 2023, dos días después de las municipales, deja al líder del PP con la victoria en la mano y la Moncloa en el aire. El ejercicio consiste en aplicar la ley d'Hondt a las 52 circunscripciones con la barrera electoral del 3% y comprobar qué composición saldría del Congreso. El resultado deja al PP con
142 escaños, 53 más de los que tiene, y al PSOE con 122, dos por encima de los actuales. Con esas cifras, nadie tiene mayoría.
Los números: el 28M no se convierte en mayoría absoluta
Conviene empezar por el dato que desmonta la épica. El PP sacó
3,4 puntos más que el PSOE, cierto, pero los socialistas solo perdieron 1,2 puntos respecto a las municipales de 2019. La sensación de marea conservadora viene del mapa: los populares arrebataron al PSOE casi todo su poder autonómico y municipal y arrasaron en Madrid. En votos, el vuelco es más estrecho de lo que sugiere el reparto territorial, y esa distancia entre relato y aritmética es justo lo que permite a Sánchez lanzar su órdago.
La traducción a escaños tampoco cierra el círculo. El bloque conservador, PP más Vox, se quedaría en
157 diputados, diecinueve por debajo de la mayoría absoluta. El progresista apenas llegaría a 130, a cuarenta y seis de la mayoría. Es decir: la ola que se llevó por delante ayuntamientos y comunidades no se convierte automáticamente en un Gobierno de derechas. Repartir votos en 52 circunscripciones distintas no es una regla de tres.
Vox: menos escaños y más poder de negociación
Aquí está la paradoja que más se repite. Vox caería de
52 a 15 escaños y, aun así, saldría más decisivo que ahora. El motivo tiene nombre propio: Ciudadanos apenas conserva nueve diputados en el Congreso, así que el PP ya solo puede crecer comiéndole terreno a Vox por su flanco derecho. Con ese flanco vacío, cada escaño que el PP gana se lo quita al partido de Abascal, y eso convierte al socio en proveedor insustituible.
Hay quien sostiene que Vox tendría más poder de influencia con 15 diputados que con 52. No es una boutade: en minoría como socio imprescindible, el precio de cada voto sube. Y ese precio, traducido en condiciones para investir a Feijóo, es el punto que más incomoda a los populares y el material con el que se fabricará la campaña del miedo al pacto.
Sumar, la pieza que ninguna proyección puede medir
Cualquier traslado de resultados tiene un agujero por el centro. A las municipales no concurrió Sumar, la plataforma de Yolanda Díaz, de modo que la simulación no puede medir qué votos mueve, ni en coalición con Podemos ni por separado. Es la variable que impide cerrar el pronóstico.
Lo que sí dibuja el ejercicio es el suelo del espacio: Podemos se hundiría de 35 diputados a
ocho. En Cataluña, ERC y Junts empatarían a doce escaños, con los republicanos estancados tras el revés municipal y los posconvergentes al alza después de la victoria en Barcelona. EH Bildu subiría a nueve y superaría al PNV, que se quedaría en siete. Ninguna de esas piezas es marginal: todas caben en la suma que decide una investidura.
Votar el 23 de julio: el calendario, ¿arma o trampa?
La convocatoria en plena segunda quincena de julio admite dos lecturas opuestas. Una parte del análisis la ve como un movimiento calculado: pillar al rival con la resaca de la victoria, la euforia de los pactos y media estructura de vacaciones, sin tiempo para colocarse. Otra apunta justo a lo contrario: quien madruga todo el año está en julio lejos de su colegio electoral, y la abstención castiga más a quien necesita movilizar que a quien ya tiene el voto decidido.
El voto por correo y la logística de una cita en verano pasan así a primera línea. Más determinantes, probablemente, que cualquier eslogan de campaña.
El voto útil y la campaña que viene
Con este punto de partida, la estrategia parece escrita de antemano: apelar al
voto útil para frenar a la ultraderecha, agitar los pactos con Vox en comunidades y ayuntamientos y convertir cada acuerdo en un episodio de campaña. Es la vía más rápida para reagrupar a un electorado desencantado y con tendencia a quedarse en casa.
En el otro lado, la tentación es dar por hecho lo que la noche del 28M no dijo. Confundir mayoría territorial con mayoría parlamentaria es el error clásico de la resaca electoral.
Gobiernos débiles y el precedente de Rajoy
Salga quien salga, los números no anticipan una legislatura cómoda. Un Ejecutivo sostenido por socios que cobran caro cada voto se parece demasiado a lo ya visto con Mariano Rajoy y a lo que la propia geometría del Congreso insinúa: investiduras largas, presupuestos negociados a destajo y una moción de censura siempre en el aire.
Con estos mimbres, la cita no decide quién gobierna, sino cuánto dura el que gobierne. La extrapolación tiene trampa —participación distinta, contextos distintos— y sería temerario tomarla como sentencia. Pero deja una certeza incómoda para los dos bandos: el vuelco municipal no basta para cerrar la puerta de la Moncloa.