CCOO entra en Sol y el hilo vuelve al 15M y a Soros
Unai Sordo se planta en la Puerta del Sol y el hilo se vuelve a partir. La televisión pública lo emite en directo y alguien lo pega: el secretario general de CCOO, en la acampada contra los desahucios.
Antes ya había entrado UGT. Ahora entra el otro sindicato grande y la plaza deja de ser cosa de un puñado de tiendas. El mismo día aparece otra pieza: Maricarmen manda un mensaje desde el hospital a los que acampan. «Luchad, defended lo que es vuestro». La frase corre por el hilo y con ella se reabre todo lo de siempre.
Qué se ha sabido
CCOO está dentro. Sordo, en la plaza, según el tuit que se reproduce. Es el segundo sindicato que se apunta a la movilización. Y Maricarmen, el símbolo de la que arrancó todo esto, habla desde el hospital y pide a los acampados que sigan.
Aparte de eso, el tramo trae su propio cargamento de datos sueltos. Un forero apunta que esto lo mueve
idrabcn.com con
1,15 millones de euros de fondos públicos y remata con un «Colau vuelve». Es su cuenta, no una auditoría. Otro dice que ha buscado fuera del foro y no encuentra a nadie hablando de Maricarmen
«ni veo TV ni consumo mass mierda generalista», así que se queda con que esto es un fenómeno local de Madrid y de telecreyentes. Un tercero recuerda que el argumento de la acampada se sostiene sobre un litro de gasoil a
dos euros y sobre el impacto de Ceuta, y que todo eso ha desaparecido de la conversación.
Lo del 15M vuelve con más fuerza. Uno sostiene que Zapatero no gobernaba durante la acampada de 2011 y le corrigen. Y hay quien va más allá y coloca el 15M como un montaje de servicios de inteligencia, con control de teléfonos por zonas y rastreo de contactos: ingeniería social y electoral, dice, sin aportar nada que lo sostenga. El marco conspirativo no se prueba en ningún momento; solo se repite.
Dónde está la bronca
Tres frentes.
El primero, Soros y el Maidán. Un participante había apuntado a financiación exterior y ahora otro lo concreta: no son asociaciones de mujeres, son
asociaciones de Soros que de vez en cuando subcontratan a las otras. El chiste del Maidán vuelve, pero nadie enseña un papel. Y aquí es donde el hilo se enreda solo, porque el que empezó con la teoría se desentiende y el que la niega la reformula. Al final se queda en lo de siempre: blanco fácil, prueba ninguna.
El segundo, la oposición. Aquí hay tortas de verdad. Unos dicen que la derecha no ha sabido montar una manifestación decente en cuatro años sin presupuestos y que una acampada la deja en evidencia. Y la respuesta es dura: que la oposición también es gobierno, que vive en urbanizaciones con seguridad privada y que ellos a verlas venir.
«La oposición también es el gobierno», zanja uno. Otro lo lleva al detalle:
llevan 30 años sin poder meter mano en la caja de la región más rica del país. Y uno avisa de que las urnas no lo arreglan: lo que no se gana votando se intenta ganar en la calle.
El tercero, la cortina de humo. «Enésima cortina de humo y performance para canalizar y desactivar el descontento social», dice uno. Y debajo, la factura: el gasoil a dos euros. Otro lo repite por el otro lado: que quieren ruido para tapar Ceuta. La pega es que la protesta es real, la plaza existe y las tiendas siguen ahí, así que el hilo no cierra la ecuación.
El tono se calienta en un punto: hay un mensaje que cruza la línea y se responde con otro igual. Nadie rectifica, pero la discusión del 15M se cierra en falso: se admite un error de fecha y se sigue discutiendo igual.
Qué cambia respecto a antes
El 15M deja de ser el marco y pasa a ser el campo de batalla. Ya no se discute si la acampada se parece al 15M: se discute quién lo montó, para qué y a quién servía. Y con eso entra un tramo nuevo, el de los think tanks y el Estado profundo. Uno lo suelta en dos líneas:
«Los think tanks han infiltrado todo el movimiento asociativo». Otro añade que ningún régimen democrático va a arreglar la vivienda y que para eso haría falta otra cosa; es su opinión y no va a ningún lado.
Lo que se da por hecho ahora es que el foco se ha movido del todo. Ceuta, el combustible y los frentes judiciales salen del hilo. Entra CCOO, entra el sindicato grande que faltaba, y entra Maricarmen desde una cama de hospital. La protesta gana peso institucional y pierde espontaneidad en el relato de una parte. Para la otra,
«esto no cuela por ningún sitio». La plaza no se mueve. Las tiendas tampoco.