200.000 euros para volver de Vietnam: el seguro no cubre el avión ambulancia
La familia de un profesor cordobés ingresado en la UCI de un hospital de Saigón lanzó una campaña de recaudación para costear su repatriación a España. La historia, difundida a través de una plataforma de micromecenazgo, ha reabierto un asunto incómodo: qué cubre de verdad un seguro de viaje cuando alguien enferma a diez mil kilómetros de casa. En pocos días, más de 650 personas habían donado unos 75.000 euros, apenas el 38% de un objetivo fijado en 200.000 euros.
Juan Manuel Serradilla, antiguo docente en la Universidad de Córdoba y residente en Santander, viajaba en un grupo organizado por la Comunidad de Madrid cuando sufrió una pancreatitis aguda con shock séptico. Fue hospitalizado de urgencia en el FV Hospital de Ho Chi Minh, donde permanecía en cuidados intensivos. Su hija Sara y su pareja se desplazaron hasta allí siguiendo las indicaciones médicas.
Qué cubre realmente un seguro de viaje estándar
El punto que ha encendido el asunto no es la enfermedad, sino la letra pequeña. La familia explicó que la póliza contratada solo contempla un posible traslado en vuelo comercial con escolta médica, una opción que los propios médicos consideran inviable dado el estado crítico del paciente. La única alternativa segura, según los familiares, sería un avión ambulancia, cuyo coste se sitúa fuera de su alcance económico.
Aquí aparece la primera grieta del relato. Hay quien sostiene que por 120 euros —o incluso menos— se contrata un seguro con repatriación medicalizada incluida. Otros cálculos que circulan por el sector rebajan esa cifra: una póliza normalita de viaje, con cobertura de hasta cinco millones de euros en gastos médicos, avión medicalizado y repatriación del cadáver, puede salir por 60 euros para una estancia de quince días en Asia. La diferencia entre viajar cubierto y viajar a la intemperie se mide en decenas de euros.
El coste real de repatriar a un paciente crítico desde Asia
La cifra que pide la familia, 200.000 euros, ha generado tanto solidaridad como suspicacia. Un avión ambulancia con soporte vital para un traslado intercontinental no es barato, pero la horquilla que manejan quienes han organizado evacuaciones médicas rara vez alcanza esas cifras. La pregunta que sobrevuela es qué incluye exactamente el presupuesto: vuelo medicalizado, equipo médico, estancia hospitalaria acumulada, gastos de acompañantes.
El seguro de viaje original ya se habría agotado, según la familia, lo que implica que los gastos hospitalarios en Saigón siguen sumando día a día. Vietnam no ofrece asistencia sanitaria gratuita a turistas extranjeros, y el hospital privado donde está ingresado factura a precio de mercado. El reloj económico corre en paralelo al clínico.
El viaje subvencionado por la Comunidad de Madrid
El detalle que más ampollas ha levantado es el origen del viaje: un grupo organizado por la Comunidad de Madrid. No es la primera vez que un desplazamiento institucional de este tipo genera preguntas sobre quién paga qué y con qué criterio. La condición de funcionario del afectado —antiguo profesor universitario— ha alimentado la polémica sobre los viajes subvencionados con dinero público.
La discusión deriva rápidamente hacia un terreno más amplio: la percepción de que determinados colectivos acceden a ventajas que el resto no tiene. El sueldo de un profesor de universidad durante décadas, la vivienda en propiedad, la pensión futura. Todo eso entra en la ecuación cuando se pide dinero a desconocidos. Hay quien calcula que un docente universitario con una carrera larga habría acumulado un patrimonio suficiente para afrontar el coste sin ayuda externa. Es una estimación, no un dato verificado.
Solidaridad selectiva o responsabilidad individual
La campaña ha recaudado decenas de miles de euros en pocos días, lo que demuestra que la solidaridad funciona cuando el caso conmueve. Pero también ha destapado una corriente de opinión que cuestiona el marco: si alguien puede pagarse un viaje al sudeste asiático, ¿por qué no puede pagarse un seguro decente? La respuesta más repetida es que la gente no contrata coberturas caras porque nunca pasa nada. Hasta que pasa.
El caso ha terminado derivando en algo más grande que una repatriación. Ha puesto sobre la mesa la fragilidad del viajero medio ante una emergencia médica en el extranjero, la opacidad de las pólizas baratas y la tentación de recurrir al micromecenazgo cuando el sistema falla. Con estos mimbres, lo previsible es que el debate se reproduzca cada vez que un español enferme lejos de casa. Lo que no está claro es si alguien cambiará de hábitos antes de que vuelva a ocurrir.