Garrapatas: el riesgo sanitario que crece sin control en el campo español
La enfermedad de Lyme y las fiebres hemorrágicas transmitidas por garrapatas han dejado de ser una rareza. En zonas del centro de España, caminar por el campo se ha convertido en una actividad de riesgo: hay quien asegura haber contado
hasta 30 garrapatas subiendo por las zapatillas en apenas cinco minutos. No es una exageración de tertulia. Es el testimonio de alguien que volvió al coche «como alma que lleva el diablo» y no ha vuelto a pisar ese paraje.
El fenómeno no es nuevo, pero sí lo es su intensidad. La población de garrapatas crece año a año en España, y con ella la circulación de patógenos que hace una década apenas se diagnosticaban. La enfermedad de Lyme, la boreliosis, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo: nombres que suenan a tratado de medicina tropical y que ya forman parte del paisaje ibérico.
Por qué hay más garrapatas que nunca en España
El aumento de ungulados silvestres —ciervos, jabalíes— es una de las causas que se señalan con más insistencia. Las garrapatas necesitan huéspedes para alimentarse y reproducirse, y la expansión de estas poblaciones les ha proporcionado un buffet libre. A ello se suma la despoblación rural: menos gente en el campo significa menos presión sobre los ecosistemas y más refugio para la fauna que sostiene el ciclo biológico de estos ácaros.
No es un problema exclusivo de zonas remotas. Los parques urbanos también se han convertido en territorio hostil. Las mascotas actúan como vectores: un perro sin pipeta puede traer garrapatas a casa y convertirlas en un problema doméstico. La recomendación de los veterinarios es clara: tratamiento antiparasitario riguroso, especialmente en primavera y otoño.
Enfermedad de Lyme: cuando el diagnóstico llega tarde
La enfermedad de Lyme es la infección más conocida transmitida por garrapatas, pero no la única. El problema principal no es la bacteria en sí, sino el tiempo que tarda en detectarse. La fase inicial puede pasar desapercibida: una marca circular enrojecida en la piel que desaparece sola y que muchos confunden con una reacción alérgica menor.
Semanas después, aparecen los síntomas neurológicos. Dolores de cabeza persistentes, mareos, fatiga extrema. En ese momento, el diagnóstico se complica. Las pruebas disponibles en España no siempre son fiables, y hay quien sostiene que los test más precisos solo se realizan en laboratorios extranjeros. El tratamiento estándar es la doxiciclina durante tres semanas, pero si la infección ha progresado a neuroboreliosis, el abordaje requiere ingreso hospitalario y tratamiento intravenoso prolongado.
La vacuna contra la enfermedad de Lyme existió en los años noventa. Se dejó de fabricar por falta de demanda. Es una de esas paradojas sanitarias que nadie explica del todo.
Crimea-Congo: la amenaza que no sale en los telediarios
Menos conocida y mucho más letal. La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad viral transmitida por garrapatas del género Hyalomma, asociadas principalmente a ciervos y ungulados. Su tasa de mortalidad es significativamente superior a la de Lyme, y no existe tratamiento específico ni vacuna disponible para uso general.
Las zonas de mayor riesgo en España son los herbazales altos cercanos a puntos de agua, los helechares y las áreas con alta densidad de conejos. Curiosamente, los montes poblados de romero o boj presentan una incidencia mucho menor. La geografía del riesgo no es intuitiva.
Qué hacer si te pica una garrapata
La extracción correcta es fundamental. No se debe tirar de la garrapata con fuerza ni aplastarla. Lo recomendable es girarla suavemente hasta que se suelte por sí sola, y conservarla en un bote para su análisis si aparecen síntomas. La revisión del cuerpo al llegar a casa es imprescindible, especialmente en zonas de pliegues: axilas, ingles, cuero cabelludo.
La ropa importa. Los pantalones largos de tejido liso y color claro dificultan que la garrapata se agarre. El algodón vaquero es mejor que la franela. Y aunque el repelente ayuda, no es infalible.
El debate sobre el riesgo real
Hay quien sostiene que el alarmismo es excesivo y que la convivencia con garrapatas ha sido la norma durante siglos. La respuesta es que la prevalencia de patógenos ha cambiado. No es lo mismo una garrapata en 1980 que una garrapata en 2024. El cambio climático, la modificación del paisaje y la expansión de fauna silvestre han alterado el equilibrio.
La pregunta no es si hay más garrapatas. La pregunta es cuántas enfermedades están transmitiendo que aún no estamos diagnosticando.