Confinamientos climáticos: la orden de no evacuar que ya ha matado
El pasado 29 de octubre, una familia llegó al portal de su edificio en llamas en Valencia. Iban a salir. Los bomberos les ordenaron volver a su piso. Murieron abrasados. No fue un error aislado: es la consecuencia del nuevo protocolo de 'confinamiento climático' que prioriza quedarse en casa frente a la evacuación.
La Generalidad, responsable del operativo, defiende la medida como parte de la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, el trágico balance de la dana valenciana –con decenas de fallecidos– ha desatado las críticas. En Almería, una semana antes, decenas de personas abandonaron sus casas de ladrillo para internarse en un camino forestal sin saber adónde iban. El resultado: desorientación y riesgo evitable.
La polémica no es solo técnica. El discurso político ha calado: 'El negacionismo climático mata' ya se escuchaba en el Parlamento Europeo al segundo día de la riada, mientras los cuerpos seguían sepultados en el barro. La numerología masónica que algunos ven detrás de estas decisiones no es más que la punta del iceberg de un debate que enfrenta a quienes creen que el confinamiento es la única respuesta y a quienes lo consideran una condena a muerte.
Lo que descoloca: los responsables del protocolo siguen en sus puestos. Ninguna consecuencia. Mientras, las familias que perdieron a los suyos claman justicia. Y la pregunta queda en el aire: ¿cuántas vidas vale un eslogan climático?