Goldman Sachs alaba España: el mismo guion que en 2007
El banco de inversión que en 2025 ganó 17.200 millones de dólares ha descubierto que la economía española “crece el triple que Europa” y que su desempeño refleja “una mejora de la calidad”. La declaración añade que España superará “significativamente” al resto de la zona euro gracias a “una mayor productividad laboral” y una “sólida posición fiscal”. Uno esperaría que con esos antecedentes el mercado se frotase las manos. Los datos publicados por Hacienda y la AIReF cuentan otra historia: el déficit se estanca cerca de los 37.000 millones de euros y los expertos presupuestarios prevén que suba este año por las medidas de gasto. En cuanto a la productividad, lleva tres años cayendo, lastrada, según el análisis, por la burocracia, las bajas y las huelgas. No es exactamente el retrato que pinta el banco.
Qué hay detrás del elogio de Goldman Sachs
La historia económica reciente invita a la cautela. Entre 2006 y el primer trimestre de 2008, Goldman Sachs, Deutsche Bank y todo el coro de analistas internacionales flipaban literalmente con España. En octubre de 2008, el país ya estaba al borde del abismo. Aquel precedente pesa como una losa, y buena parte de la discusión actual recupera el mismo escepticismo: cuando una entidad cargada de bonos soberanos y activos inmobiliarios se pone a alabar las virtudes de un país, hay quien interpreta que está calentando el mercado para deshacerse de posiciones antes de que se enfríe. No es una teoría conspirativa: la SEC ya denunció al banco por presuntamente estafar a sus propios clientes en productos vinculados a hipotecas subprime. La confianza, digamos, no es ilimitada.
Macro que brilla, micro que duele
Hay, sin embargo, quien separa el grano de la paja. Las cuentas agregadas de la economía española presentan cifras que envidiaría media Europa: crecimiento por encima de la media, entrada de capital extranjero, empleo que resiste. Pero esa lectura macro convive con otra realidad: el PIB per cápita lleva aproximadamente una década estancado. El truco contable, explican algunos análisis, se sostiene sobre el crecimiento demográfico: en menos de diez años España ha pasado de unos 44 a unos 50 millones de habitantes. Con seis millones de personas más, el PIB total crece casi por inercia aunque la riqueza repartida por habitante no se mueva. Mientras tanto, la vivienda sigue inalcanzable, el coste de la vida aprieta y los salarios reales no acompañan. Que el conjunto brille y el ciudadano lo note poco no es una paradoja: es el resumen de un modelo que crece hacia afuera y hacia abajo.
Del informe a la sospecha: el negocio de los bonos
En el centro del recelo está el papel de Goldman Sachs como tenedor de deuda pública española. La teoría del “pagafantas” que circulaba hace una década y media sigue vigente: alaban la deuda para que otros la compren mientras ellos preparan la salida. No hay prueba en el informe que lo confirme, pero el conflicto de interés estructural es innegable. Quien vende peras no suele advertir de que están podridas, y un banco con 58.300 millones de ingresos anuales no se mancha por un piropo a Madrid. El problema es que los elogios de 2006 tampoco se mancharon, y ya sabemos cómo acabó.
La pregunta sigue en el aire. ¿Es este un análisis técnico sólido o la enésima operación de maquillaje financiero? Los números del déficit, la productividad y la renta per cápita sugieren que, al menos, el “aumento de calidad” del que habla Goldman admite muchas lecturas. Y con el precedente de 2007 todavía en la memoria, el mercado haría bien en pedir más que un titular.