Goldman Sachs bendice el crecimiento español: ¿auge real o fuegos artificiales?
El banco de inversión Goldman Sachs acaba de publicar un informe que ha encendido todos los debates: la economía española crece al triple que la media europea y, según ellos, con aumentos de calidad, no solo de cantidad. Pero cuando el polvo se asienta, los números cuentan una historia bastante más ambigua.
Los datos que Goldman Sachs no cuenta del todo
Que España lidera el crecimiento entre las grandes economías de la zona euro es un hecho indiscutible en las estadísticas oficiales. El PIB nominal se ha disparado gracias a una combinación de factores: más de 100 millones de turistas al año, una inmigración que supera el medio millón anual de nuevos residentes y un gasto público sostenido por los fondos Next Generation. Pero el PIB per cápita deflactado —el indicador que mide cuánto mejora realmente el nivel de vida de cada persona— no corre la misma suerte. Según los análisis más críticos, en los últimos ocho años ese indicador apenas se ha movido, cuando no ha retrocedido.
La productividad laboral, ese mantra que los políticos repiten como solución a todo, también merece un examen más fino. El informe de Goldman la da por mejorada, pero varios análisis apuntan a un truco estadístico: la media sube porque han desaparecido los empleos más precarios de la construcción y se ha hinchado el empleo público y los ERTE encubiertos. Un repartidor de Glovo o un camarero de McDonald's tienen la misma productividad que hace diez años; lo que cambia es el denominador de la ecuación.
La cara oculta del déficit y la deuda
Otro punto ciego del optimismo de Goldman es la posición fiscal. España arrastra un déficit estructural cercano al 7% del PIB —muy por encima del 3% que exige Bruselas— y una deuda pública que, aunque desciende sobre el PIB por el tirón del denominador, no para de crecer en términos absolutos. Los intereses de esa deuda se han convertido en la tercera partida de gasto del Estado, solo por detrás de las pensiones y los salarios públicos. "Los de Goldman Sachs no miran la deuda, ¿no?", se preguntaba alguien con sorna. "La tendrán escondida en los cajones".
Inflación oficial vs. real: el desfase que nadie quiere ver
Mientras el IPC oficial ronda el 2,9%, la percepción ciudadana —y algunos cálculos alternativos— sitúan la inflación real en torno al 8%. La diferencia está en la cesta de la compra: los alimentos y la vivienda, dos partidas que pesan mucho en los hogares modestos, han subido muy por encima de la media. "Con el IRPF sin deflactar desde hace más de 10 años, el Estado te roba poder adquisitivo cada año", resume un argumento recurrente. "Se puede vender al personal que hay un crecimiento del 5% si maquillas la inflación".
El fantasma de 2007 y la sombra de los fondos buitre
Los paralelismos con la burbuja anterior son inevitables. En 2007, todo el mundo cantaba las alabanzas de la economía española antes del desplome. Hoy, los fondos de inversión internacionales —los mismos que empaquetaron hipotecas subprime— están comprando viviendas y disparando los alquileres mientras alaban el "milagro" español. "Cuando Goldman te abraza, o te va a dar por culo o ya te ha dado", ironizaba un exbanquero en el debate. La referencia al papel de Goldman Sachs en la ocultación de la deuda griega con los famosos swaps es otro recordatorio de que la credibilidad de estos halagos tiene un precio.
¿Y después de los Next Generation?
En dos meses se acaban los fondos Next Generation EU, el principal combustible del crecimiento reciente. El mercado laboral, con una tasa de paro que no baja del 10% —cuando en 2008 llegó al 7%—, sigue mostrando debilidades estructurales. El empleo que se crea es mayoritariamente público o de baja calidad, y los jóvenes españoles engrosan las listas de subempleo o emigran. La pregunta incómoda es: ¿qué pasa cuando se acabe el maná europeo?
La conclusión, por ahora, es que el crecimiento español tiene pies de barro. A corto plazo, las cifras macroeconómicas resplandecen; a medio plazo, los desequilibrios —deuda, inflación real, productividad estancada— amenazan con pasar factura. Como en el viejo chiste de la viñeta de Chumy Chúmez que citó alguien: "Vaya, si resulta que tengo un nivel de vida que para mí lo quisiera". Hasta que deja de tenerlo.