Jubilación a los 70 años: el espejo danés que España acabará copiando
Un economista de tertulia lo dijo sin anestesia: «Preparaos para lo que viene, Dinamarca es el primer país que va a legislar para que la jubilación se retrase a los 70 años». Gonzalo Bernardos, profesor de la Universidad de Barcelona, sostiene que España seguirá ese camino «tarde o temprano» y que el horizonte danés está fijado para 2040. El diagnóstico que da no es amable: un déficit de la Seguridad Social de 65.000 millones de euros que seguirá creciendo y una única vía para rebajarlo sin tocar cotizaciones ni nóminas de los ya jubilados. Esa vía, admite, «no le gusta a casi nadie».
El planteamiento llega con fecha y con espejo. La edad legal en España se sitúa en 66 años y 10 meses para quienes acreditan el mínimo cotizado, y el economista ve el salto a los 70 como una consecuencia aritmética más que como una decisión política. La discusión posterior se ha partido en dos: los que creen que el sistema es un esquema piramidal que se desmorona y los que sostienen que el problema no es la edad, sino cuánto se recauda y en qué se gasta.
Qué dice Bernardos y qué sostiene el cálculo demográfico
El argumento central del economista es contable. Cada siete minutos se suma un jubilado al sistema, según los datos de la Seguridad Social que él mismo cita, mientras la base cotizante no crece al mismo ritmo. La proyección que maneja apunta a 5,3 millones de personas jubiladas en España en una década, frente a 1,8 millones de jóvenes que firmarán un contrato de trabajo. La proporción es brutal: por cada tres jubilados, un solo empleo nuevo.
Bernardos no vende la medida como indolora. Reconoce que «no estamos preparados, aunque no hay otra salida» y sitúa el problema no en el déficit actual, sino en el que está por llegar. Su previsión es que muchos de los que esperan retirarse a los 65 años, con cotización suficiente, lo hagan; los que no lleguen, «mucho más tarde». La frase que cierra su intervención es la que ha calentado el ambiente: «Al resto, le veo mucho más tarde».
El sistema de pensiones como esquema piramidal: el argumento que gana peso
Buena parte de las réplicas no discuten la cifra, discuten el marco. Se sostiene que el sistema de reparto funciona como un esquema Ponzi donde las aportaciones de los activos pagan las pensiones de los pasivos, y que ese equilibrio se rompe cuando la natalidad cae y la esperanza de vida sube. La conclusión que extraen algunos es que retrasar la edad no arregla nada: solo traslada el problema a la siguiente cohorte.
El cálculo más pesimista va más lejos y apunta a que un porcentaje elevado de la población no llegará vivo a los 70, de modo que el retraso legal funcionaría como un ahorro encubierto en pensiones que nunca se cobran. La esperanza de vida masculina ronda los 81 años, según se maneja en la discusión, y el desgaste físico de oficios como la construcción hace inviable mantener el ritmo hasta esa edad. La consecuencia previsible, dicen, es una jubilación anticipada con coeficiente reductor: pensiones más bajas por retirarse antes de la edad legal.
¿Es sostenible el sistema con la presión fiscal actual?
El otro eje del desacuerdo es fiscal. Hay quien sostiene que el problema no son las pensiones de 800 euros, sino el volumen total de gasto público y la presión sobre el contribuyente. La comparación con Dinamarca aparece aquí: se argumenta que el país nórdico tiene un PIB por habitante, unos salarios y una deuda pública que no se parecen en nada a los españoles, de modo que copiar la edad de jubilación sin copiar la estructura económica es quedarse con lo malo.
La respuesta desde el otro lado es que el sistema ya es insostenible en su diseño, con independencia de quién gobierne. Se apunta a que el gasto en pensiones absorbe una porción creciente del presupuesto y que la incorporación de la mujer al mercado laboral, lejos de resolver el problema, lo ha agravado al reducir la natalidad. La conclusión que comparten tirios y troyanos, aunque por motivos opuestos, es que el actual equilibrio demográfico no da para sostener el actual equilibrio financiero.
Jóvenes, salarios y vivienda: la parte que nadie discute
El propio Bernardos introduce un matiz que suele quedar fuera del titular: los jóvenes que ya ganan poco no pueden pagar más. La subida de la edad de jubilación afecta a quienes están cotizando ahora y a quienes entrarán en el mercado laboral en los próximos años, con sueldos bajos, falta de vacantes y dificultades para acceder a una vivienda, sea en alquiler o en hipoteca. El economista lo resume con retintín: «Ahora sólo falta que los jóvenes, que ya de por sí ganan poco, cobren menos porque tienen que pagar más».
Ese es el punto donde la discusión se vuelve menos técnica y más existencial. La idea de que una vida laboral completa no garantiza un retiro digno aparece en varias formulaciones, y la respuesta de una parte del personal es la huida: reducir jornada, teletrabajar, capitalizar fuera del sistema o directamente emigrar a jurisdicciones de baja fiscalidad. El cálculo completo de cuánto se pierde por cada año de retraso, desglosado partida a partida, es el tipo de cuenta que cada uno hace en su casa y que nadie publica.
Queda un dato que descoloca. La edad media real de jubilación en España se sitúa en torno a los 63 años, por debajo de la legal, y el sistema sigue pagando. Si el retraso a los 70 se aprueba, la mayoría seguirá saliendo antes, con recorte. El problema no será la edad legal, sino cuántos podrán permitirse esperar.