Tres aldeas y 800 metros: el avance israelí en Líbano se atasca
Según el recuento que se maneja en los canales de seguimiento del conflicto, después de más de una semana de operación terrestre el ejército israelí controla una única colina con un parque infantil en Maroun El Ras, a
800 metros de la frontera; entre cinco y diez casas en la periferia de Odaisseh, a
200 metros; y una granja con algunas viviendas en Yaroun, a
600 metros. En ninguno de los tres núcleos urbanos las tropas han llegado al centro.
La hipótesis de partida era la contraria. Durante semanas se sostuvo que
Israel no abriría ese frente, que las amenazas eran para consumo interno con
250.000 evacuados del norte sin fecha de retorno y que la campaña de Gaza seguía sin resolverse. Ese escenario se ha ido desdibujando: varios gobiernos han pedido a sus ciudadanos que abandonen el Líbano y Washington ha solicitado a Bagdad que cierre su espacio aéreo a los aviones de carga iraníes con destino a Siria y Líbano.
¿Qué controla Israel en el sur del Líbano tras la invasión?
El mapa real choca con el relato de una ofensiva decisiva. Los puntos citados están todos a menos de un kilómetro de la línea fronteriza,
pegados a la valla, y la resistencia libanesa sigue anunciando combates en localidades como Khiam, donde la prensa israelí habla de batallas «importantes» y de un «acontecimiento difícil» en la zona. Ese lenguaje, en Israel, suele preceder al reconocimiento de bajas.
Una corriente de análisis sostiene que el objetivo no es ocupar territorio sino fijar una franja de seguridad y destruir infraestructura. En contra pesa un argumento simple: sin control del terreno y sin población desplazada, esa franja no se sostiene sola. Los más escépticos añaden que ya se prometió algo parecido en 2006 y que el resultado entonces no fue el anunciado.
Adaisseh, Khiam y los tanques Merkava
Hezbolá publica partes diarios. El viernes
25-10-2024, según su comunicado, dos misiles guiados alcanzaron sendos tanques Merkava en las afueras de Adaisseh y provocaron su incendio, con muertos y heridos en la tripulación. Horas antes había confirmado un intento de la infantería israelí de avanzar hacia la zona municipal de esa localidad a las
23:00 y un segundo a la
1:50 de la madrugada. En el sur de Khiam, otro parte habla de un Merkava quemado en el área de Al-Hamams.
La propia resistencia cifró en
103 los lanzamientos de misiles en cuatro días, algunos con municiones de precisión que, según su versión, se empleaban por primera vez. Son cifras de parte, y hay que leerlas como tales.
La prensa israelí ha informado, por su lado, de un dron suicida que impactó contra una reunión de fuerzas en la frontera y dejó
31 heridos. Los recuentos circulan bajo censura militar: cualquier número publicado es un suelo, no un techo. El patrón se repite —primero el «evento de seguridad», después el nombre del oficial fallecido— y acaba dibujando un goteo que casi nunca llega a los titulares de portada.
El desgaste israelí: reservistas, bajas y frentes abiertos
El ministro de Defensa israelí,
Yoav Gallant, ha reconocido que la situación ha empeorado, que hay muchos frentes abiertos y que se está perdiendo un número creciente de soldados. Su conclusión: hacen falta más efectivos. Al mismo tiempo, un canal israelí informaba de que el ejército se prepara para liberar del servicio a reservistas en el frente del Líbano, una señal que se lee más como agotamiento que como victoria.
En cuanto a los rehenes, Gallant ha apelado a «concesiones dolorosas» para cerrar un acuerdo por los
101 rehenes que siguen en Gaza. La palabra elegida, en boca del propio ministro, marca el terreno: se ha quedado sin margen para vender la operación como un éxito limpio. En paralelo, una información difundida por medios hostiles a Israel cita al comandante de la 12ª Brigada: desmantelar Hamás en Rafah no se lograría al menos en dos años más.
Aparecen además episodios incómodos. Un soldado abrió fuego contra sus superiores en una base del sur de Israel, mató a tres y después se quitó la vida. Los medios hebreos han dado cuenta de la muerte de un comandante de compañía del 52º Batallón a consecuencia de heridas sufridas en el norte de Gaza, y de un oficial fallecido en enfrentamientos en el sur del Líbano, en anuncios que llegaban con días de retraso.
¿Cuántos israelíes están saliendo del país?
Aquí los datos se vuelven resbaladizos. Circulan cifras no oficiales —hasta casi dos millones de personas— que no están confirmadas y que conviene tomar con pinzas; proceden de un periodista libanés cuyo vídeo fue retirado de una plataforma. Lo que sí tiene respaldo es la tendencia en destinos concretos:
1.375 israelíes inmigraron a los Países Bajos en 2023, frente a
815 en 2022, el mayor incremento anual registrado.
A escala doméstica, los evacuados del norte siguen sin volver. Un caso ilustrativo: los
600 residentes de Avdon se quedaron sin fondos cuando se agotó la estancia subvencionada en un hotel y se les negó la vivienda estatal que sí reciben otras localidades a la misma distancia de la frontera. La factura del frente norte la están pagando, de momento, quienes viven allí.
El factor iraní y la diplomacia de urgencia
El movimiento más citado es la llegada prevista del general
Michael Kurilla, comandante del Mando Central de Estados Unidos, para coordinar la respuesta a un ataque con misiles iraníes. La petición a Bagdad para cerrar el espacio aéreo a la carga aérea iraní va en la misma dirección: estrechar el corredor logístico del eje de la resistencia sin entrar en combate directo.
Doce dimisionarios de la administración estadounidense han firmado una declaración conjunta en la que califican la política de su país en Gaza de «fracaso» y de amenaza para su seguridad nacional, con referencia a la complicidad que supone el flujo continuo de armas. Es una crítica interna, no una posición oficial, pero retrata el desgaste del paraguas diplomático que sostiene la operación.
Naim Qasem y el relevo al frente de Hezbolá
El nuevo secretario general de Hezbolá,
Naim Qasem, ha fijado su posición en tres ideas: que fue la resistencia, y no las resoluciones internacionales, lo que expulsó a Israel del Líbano; que Israel no cumplió la Resolución 1701, con
39.000 violaciones aéreas y marítimas contabilizadas; y que están preparados para una guerra larga. «El tiempo está de nuestro lado», resumió.
En el capítulo táctico se ha difundido el uso de uniformes de mujeres libanesas desplazadas por parte de soldados israelíes para infiltrarse, y un rumor de reclutamiento que circula con sorna: la oferta de
50.000 séqueles a cada soldado druso o a migrantes sudaneses por combatir en el Líbano. Ninguna de las dos cosas mueve el frente, pero ambas describen el clima.
El dato que nadie estaba mirando
Mientras el foco está en Khiam y Adaisseh, los medios israelíes han publicado otra cifra que pasó casi desapercibida:
418 muertos en accidentes de tráfico en Israel durante 2024, la más alta en veinte años. En un país en guerra en varios frentes, el principal registro de mortalidad cotidiana sigue estando en la carretera.