¿Un sistema público de gestión del ahorro? Ya lo tuvimos: las cajas de ahorros. Acabaron colonizadas por partidos y sindicatos, convertidas en máquinas de clientelismo y crédito fácil para amiguetes, hasta abrir un boquete gigantesco. Primero intentaron traspasar el desastre a pequeños ahorradores con preferentes, después, con acciones de Bankia. Y al final hubo que taparlo con dinero de todos para evitar el colapso del sistema. Para rematar, lo bautizaron como «rescate a la banca», una coartada semántica para señalar a otros. No, gracias: otra vez, no.
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