Horizonte pierde credibilidad con el formato diario y el cachondeo
Un espectador que sigue el programa al día siguiente por internet abre el primer mensaje del asunto con una queja concreta: desde que el espacio se emite a diario, el bloque de periodistas ha pasado de la seriedad al
cachondeito casi constante. La queja apunta sobre todo a Carmen Porter, a quien describe como una presencia que interrumpe sin sentido, suelta tacos y mete baza en cualquier asunto. El diagnóstico es tan simple como discutible: más minutos de emisión, menos filtro. Y a partir de ahí, el asunto deriva hacia un terreno mucho más incómodo.
Qué se discute cuando se discute la seriedad de Horizonte
La primera respuesta al mensaje inicial es un golpe bajo con retranca: desde las caras de Bélmez, Iker Jiménez está en caída libre, y aquello sí era seriedad. La ironía resume la posición dominante: el programa nunca fue un templo del rigor, así que la pérdida de seriedad es una quimera. Hay quien sostiene que la relajación viene de un contrato blindado y de una temporada garantizada. Otros apuntan a un cambio de registro más prosaico: la emisión diaria obliga a llenar horas y la tertulia se convierte en
Mama Rosa, con opinadores y risas en lugar de investigación.
El propio autor del mensaje inicial intenta reconducir el asunto. No habla de
Cuarto Milenio, insiste, sino del giro que percibe en Horizonte desde que ocupa varias noches a la semana. Y ahí entra el matiz que da cuerpo al asunto: no es que antes fueran respetables y ahora no, es que el tono de guasa les hace menos creíbles ante la audiencia.
De la tertulia al señalamiento parlamentario
El asunto se enreda cuando aparece la política. Un mensaje enlaza una publicación que reprocha a la profesión periodística no haber emitido un comunicado contra el señalamiento de un compañero en sede parlamentaria. La respuesta es que el presidente del Gobierno les ha hecho la promoción gratis en el Congreso. La conversación se desplaza entonces hacia la DANA de Valencia y el parking de Bonaire, donde una publicación de Iker Jiménez dio a entender que había muchos cuerpos. En ese aparcamiento no se encontró ningún cuerpo, según se afirma en el intercambio, y en una entrevista posterior el propio Jiménez negó haber dicho que hubiera muertos allí. La contradicción queda sobre la mesa sin resolver.
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Hay quien defiende que la cifra oficial de fallecidos por la DANA está recortada respecto a la real y que Jiménez fue uno de los informadores menos oficialistas de aquel suceso, atado por obligaciones contractuales. La respuesta es tajante: no se puede saltar a la piscina sin comprobar que hay agua.
Código 10, la audiencia y el sable
Otro frente se abre con
Código 10. Se cuenta que una votante de derechas increpó en plató a un colaborador y que este la llamó facha por su voto, que hubo quejas de espectadores y que no volvió al programa. La conclusión de quien lo relata es que el programa es más serio que otros espacios de sucesos. El contrapunto llega con la ironía sobre los escotes de Porter y la presencia de Eduardo Inda, y con una descripción poco amable del ambiente entre los contertulios.
La crítica más repetida tiene que ver con la información. Se afirma que Porter dio por buenos bulos desmentidos y contradijo a una periodista que vive en la zona sobre un asunto del que era testigo directo. Se menciona un joven invitado de origen iraní al que los demás contertulios pisaron cuando exponía su análisis, y se señala que a ciertos comentaristas no se les rebate nada. La pregunta que sobrevuela es sencilla: si no se comprueba lo básico, ¿de qué seriedad hablamos?
El eje político y la sospecha del sesgo
La conversación gira después hacia el alineamiento. Una parte de los mensajes sostiene que el programa ha pasado a estar al servicio de intereses ajenos y que se ha quitado la careta. Otra responde que solo denuncian al Gobierno y que eso es legítimo en un medio privado, y que el problema real es que el presidente del Gobierno señale a periodistas. La defensa más repetida es comparativa: por mucho que haya perdido seriedad, sigue siendo más serio que cualquier telediario.
El cierre del asunto lo pone quien recuerda que para perder algo hay que tenerlo antes. Y una anécdota de archivo: un programa antiguo en el que se sostuvo que la salida de Rajoy era una excusa para justificar una inmigración masiva y preparar políticas de derechas. La conclusión de quien lo trae es que el tiempo ha dejado aquello en evidencia.
El último mensaje del material vuelve al principio: el cachondeo sigue y la rubia sigue metiendo baza sin sentido. Podía ser un programa interesante. A veces lo es. Pero hay cosas que no cambian.