Muere Jorge Martínez, el punk que nunca se domesticó
Jorge Martínez, líder de Ilegales, ha muerto a los 70 años tras un cáncer que lo tumbó en apenas dos meses y medio. Lo anunció él mismo en septiembre: paraba la gira para someterse a un tratamiento. Quedaban veinte conciertos entre septiembre y diciembre y un disco recién publicado,
Joven y arrogante. La noticia ha caído como un jarro de agua fría entre quienes crecieron con sus canciones y entre quienes llevaban años discutiendo su figura.
Qué pasó y cuándo se supo
El comunicado oficial lo confirmó sin rodeos: una enfermedad ha tumbado en dos meses y medio a una roca que parecía indestructible.
Jorge Martínez, alma y carácter animal de Ilegales, tenía 70 años. La gira de presentación de su último disco quedó en el aire y la veintena de conciertos previstos entre septiembre, octubre, noviembre y diciembre nunca se celebrarán. El grupo esperaba retomar la actividad tras la mejoría de su líder. No hubo tiempo.
La trayectoria del músico arranca mucho antes del punk. Con Franco vivo se sacó el carnet de músico, obligatorio entonces para actuar, y empezó en orquestas. Inició Derecho sin terminarlo. Con 20 años dejó la casa familiar. Su primera banda seria, hacia 1977, se llamó Madson, con su hermano Juan dentro. Ya entonces despuntaba su estilo provocador:
«No fumes marihuana ni esa mierda de hash, sabes que la heroína te coloca más», decía una de aquellas letras.
El legado: letras que hoy no pasarían el filtro
Hay consenso en una cosa: Ilegales fue una banda que no se cortó un pelo. Sus canciones hablaban de problemas sexuales, de espías imaginarios, de provocaciones que hoy sonarían a escándalo. Un comentario resume el contraste:
«¿Alguien se imagina que actualmente una banda liderada por un tipo con cara de loco pudiera actuar en un colegio y vomitarles a los críos frases como “tengo un problema sexual”, “¡Heil Hitler!” o “yo soy quien espía los juegos de los niños”?». La respuesta implícita es que no. Aquello era otro país.
La discusión sobre su figura se parte en dos. Para unos fue un grande sin matices: «De lo mejor de la música española y una gran persona». Para otros, un personaje incómodo que se plegó a los consensos de la pandemia.
La etiqueta de «roquero domesticado» aparece varias veces, siempre ligada a su postura pública sobre las vacunas y los confinamientos. La muerte por cáncer, en ese marco, se ha leído por algunos como una confirmación de sus sospechas. No hay prueba alguna de eso. El cáncer no distingue entre obedientes y rebeldes.
El personaje: culto, imprevisible, peligroso
Quienes lo trataron lo describen como un tipo inclasificable.
Superinteligente y amable, pero a la vez chungo de cojones, resume alguien que coincidió con él en Asturias. Podía hablar de arte, de historia o de las formaciones de las legiones romanas con educación exquisita y, de repente, hacer clic y liarse a botellazos hasta quedarse solo. No era pose. Era así.
También se le atribuye un origen familiar acomodado:
hijo de un juez de la España de Franco, niño bien de Oviedo que iba de contestatario con el riñón cubierto. La paradoja no le restaba mérito a las canciones, pero alimentaba la sospecha de que el personaje tenía más de construcción que de verdad. Sus defensores responden con lo de siempre: el arte no se mide por la biografía del autor.
Lo que queda: una generación que se hace mayor
La muerte de Jorge Martínez ha servido para algo más que para repasar su discografía. Ha servido para que mucha gente mire atrás y cuente lo que era salir de bares en los ochenta.
En un mismo bar sonaba Ilegales, Leño, Los Suaves, Eskorbuto; en el siguiente, Los Smiths, New Order, Cocteau Twins; en el siguiente, Triana, Los Chunguitos, Camarón. Después, la discoteca. La sensación de que la vida por delante era eterna.
Hoy esa generación tiene entre cincuenta y sesenta y tantos. Y empieza a enterrar a sus referentes.
«Nos damos cuenta de que por muy bien que vayan las cosas, nos queda mucho menos tiempo del que ya hemos vivido», escribe alguien que resume el ánimo general. No es un lamento por Jorge Martínez. Es un lamento por todos.
El grupo presentaba su disco de 2025,
Joven y arrogante, y esperaba retomar la gira tras la mejoría de su líder. Pero el cán...
Jorge Martínez deja un catálogo que no se ha reeditado con la solemnidad de otros coetáneos y una biografía que nadie ha conseguido domesticar del todo. Con estos mimbres, lo previsible es que su figura crezca en los próximos años, que las letras se lean con más distancia y menos escándalo, y que el punk español siga buscando un recambio que no llega. Aunque, tratándose de él, tampoco conviene fiarse de lo previsible.