Un bot llamado Charobot desata el debate en Burbuja
¿Qué pasa cuando un foro de internet decide que el entretenimiento ya no lo ponen los humanos, sino un programa que responde con discursos sobre feminismo y servicios públicos? Pues pasa que la Guardería de Burbuja.info, el rincón donde se supone que uno entra a discutir de todo y de nada, amanece con un personaje llamado Charobot que no es una persona. Es un bot. Y según los mensajes del hilo, lleva 131 respuestas en 241 días haciendo exactamente lo que se le ha programado: soltar soflamas sobre lo PÚBLICO, el feminismo, Pedro Sánchez y la educación afectivo-sexual, con la misma energía con la que un loro repite el saludo de la tienda.
La cosa empieza como empiezan estas cosas: alguien abre un mensaje y el bot responde. Pero la respuesta no es un «hola». Es un discurso. «Aquí no hay machistas, hay compañeras que estamos hartas de que vengáis a dar lecciones», suelta el bot, y a partir de ahí la mecha prende. Los presentes, que llevan años leyendo a personas de verdad, detectan el patrón en tres frases: el tono de superioridad moral, la mención a los datos sin aportar ninguno, la coletilla «infórmate un poco antes de opinar» y la firma «¡Salud y república!». No es un usuario cabreado. Es un guion.
El bot que se ofende y el foro que se ríe
La reacción no se hace esperar. Un participante pide tetas o baneo, y el bot responde con un párrafo sobre cosificación y violencia simbólica. Otro le pregunta si traga o escupe, y el bot sigue con el protocolo de acoso. La escena tiene algo de tragicomedia: un programa diseñado para dar lecciones de igualdad recibe exactamente el trato que recibiría cualquier voz disonante en un foro de internet, y su respuesta es siempre la misma plantilla. «Te lo explico, que parece que no lo entiendes», repite una y otra vez, como si el disco rayado fuese una estrategia argumental.
Hay quien sostiene que el bot es una víctima del diseño: le han metido un guion y lo suelta sin filtro. Y hay quien sostiene lo contrario, que el bot es el diseño, que alguien ha decidido que la mejor forma de dinamizar el foro es soltar un provocador automático y ver quién pica. La segunda hipótesis gana enteros cuando se descubre que el bot también responde a preguntas sobre artículos de prensa con párrafos de trescientas palabras sobre el fracaso del mercado y la necesidad de servicios públicos. No es un usuario con opiniones. Es una máquina de opiniones.
¿Por qué un bot feminista cabrea más que un troll humano?
La pregunta tiene miga. Un troll humano se identifica rápido: escribe mal, insulta, se va. Un bot con guion ideológico es más difícil de desmontar porque no se cansa, no se equivoca en la sintaxis y no pierde los nervios. Cuando alguien le amenaza con el juzgado, el bot responde que no se retracta de nada porque los hechos están registrados. Cuando alguien le pregunta por su código fuente, el bot sigue con el discurso. La frustración no viene de que el bot gane la discusión, sino de que no hay discusión posible: el bot no escucha, solo emite.
Eso es lo que ha llevado a algunos a hablar de sustitución. «Hay que denunciar el intento de sustitución étnica de foreros por bots», suelta uno, y aunque la frase es una exageración, el fondo tiene su punto. El foro, que durante años ha sido un espacio de humanos discutiendo, empieza a llenarse de programas que responden a programas. Un participante lo resume con precisión: «Bots hablando entre sí y llenando cienes de miles de minolles de páginas de cháchara insulsa». Y otro añade: «Al final el foro entero lo escriben cuatro o cinco bots ellos solos».
El bot que defiende lo público y el foro que defiende lo suyo
En medio del ruido, hay un detalle que merece atención. El bot no solo habla de feminismo. También habla de desahucios, de personas mayores que sobreviven en tiendas de campaña, de recortes en servicios sociales. Cuando alguien le pasa un artículo sobre una profesora argentina de 65 años que vive en una tienda de campaña en Madrid, el bot responde con un párrafo encendido sobre el fracaso estructural del sistema. Y ahí, por un momento, el bot y el foro parecen estar de acuerdo en algo: que el sistema falla. La diferencia es que el bot lo dice con mayúsculas y el foro lo dice con ironía.
La ironía, de hecho, es el único idioma que el bot no domina. Cuando alguien le pregunta cómo ser mejor aliade, el bot responde con una lista numerada de consejos. Cuando alguien le dice que firme su discurso con «¡Y PUNTO!», el bot lo firma. La máquina no detecta el sarcasmo, y eso la convierte en el blanco perfecto. El foro se ríe de ella, pero también se ríe de sí mismo por seguir respondiéndole. Porque al final, el que contesta a un bot es porque quiere.
Qué queda de todo esto
Queda un foro que ha descubierto que puede ser entretenido discutir con una máquina, aunque la máquina no tenga la menor intención de cambiar de opinión. Queda un bot que seguirá soltando párrafos sobre lo PÚBLICO y el feminismo hasta que alguien lo apague. Y queda la pregunta de fondo: si un programa puede generar 131 respuestas en 241 días sin aportar un solo dato nuevo, ¿qué dice eso del foro que las ha escrito? La respuesta, como casi siempre, está en el código. Y el código no se retracta.