Caballo de Troya
La vida es efímera así que mera eficiencia
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Esta costumbre social que tenemos de hablar es un sin sentido total
Hace años, la gente hablaba para darse información de otros lugares, ya que no había internet, o para aprender sobre el ganado o los cultivos, o se hablaba para conocer curiosidades o historias que trasladaban un aprendizaje, y la forma de hablar era mucho más culta, a pesar de que el analfabetismo estuviere más extendido. Se sabía hablar pero también se sabía callar, y no se hablaba por hablar sino que se hablaba de una forma práctica.
Hoy día la comunicación queda muy lejos de lo que fue, hoy es un cotorreo constante, cualquiera dice cualquier cosa, hay personas que no paran de hablar, que te enganchan y empiezan a taladrarte la mente con sus monólogos, de cualquier tema que a ellos les parezca importante, normalmente responde todo a algún vídeo de tiktok que han visto recientemente y tienen que vomitar toda la información sobre todo el mundo antes de pasar a otro tema que vomitar.
Poca gente valora el sentarse en silencio con alguien y sencillamente mirar al horizonte, y mantener una conversación espaciada basada en la complicidad del momento y en algun comentario suelto, o sobre algún tema profundo y filosófico. Con mis 18 años me dedicaba a eso con mis amigos, a irnos con el coche a cualquier lugar solitario y hacer pompa en el coche mientras estábamos observando el entorno y profundizando sobre cualquier tema filosófico.
Ahora noto que mucha gente está en un modo efusivo, y se les nota incómodos si no hay alguien todo el rato hablando, aunque no aporte nada, les basta cualquier diarrea verbal que llene el silencio.
Y estoy seguro que el problema de muchas cosas en esta sociedad es precisamente ese, que hablar es gratis y no se valora. Debería poder prohibirse hablar a quien tenga multas por exceso de hablar, o que si excedieras un numero de palabras limitadas al dia tuvieras que pagar 5€ por palabra extra... Alguna forma de control, no sobre las palabras sino sobre su cantidad y calidad, que cualquiera pueda decir cualquier cosa crea un ruido colectivo que distorsiona cualquier posibilidad de resonar como sociedad.
Hace años, la gente hablaba para darse información de otros lugares, ya que no había internet, o para aprender sobre el ganado o los cultivos, o se hablaba para conocer curiosidades o historias que trasladaban un aprendizaje, y la forma de hablar era mucho más culta, a pesar de que el analfabetismo estuviere más extendido. Se sabía hablar pero también se sabía callar, y no se hablaba por hablar sino que se hablaba de una forma práctica.
Hoy día la comunicación queda muy lejos de lo que fue, hoy es un cotorreo constante, cualquiera dice cualquier cosa, hay personas que no paran de hablar, que te enganchan y empiezan a taladrarte la mente con sus monólogos, de cualquier tema que a ellos les parezca importante, normalmente responde todo a algún vídeo de tiktok que han visto recientemente y tienen que vomitar toda la información sobre todo el mundo antes de pasar a otro tema que vomitar.
Poca gente valora el sentarse en silencio con alguien y sencillamente mirar al horizonte, y mantener una conversación espaciada basada en la complicidad del momento y en algun comentario suelto, o sobre algún tema profundo y filosófico. Con mis 18 años me dedicaba a eso con mis amigos, a irnos con el coche a cualquier lugar solitario y hacer pompa en el coche mientras estábamos observando el entorno y profundizando sobre cualquier tema filosófico.
Ahora noto que mucha gente está en un modo efusivo, y se les nota incómodos si no hay alguien todo el rato hablando, aunque no aporte nada, les basta cualquier diarrea verbal que llene el silencio.
Y estoy seguro que el problema de muchas cosas en esta sociedad es precisamente ese, que hablar es gratis y no se valora. Debería poder prohibirse hablar a quien tenga multas por exceso de hablar, o que si excedieras un numero de palabras limitadas al dia tuvieras que pagar 5€ por palabra extra... Alguna forma de control, no sobre las palabras sino sobre su cantidad y calidad, que cualquiera pueda decir cualquier cosa crea un ruido colectivo que distorsiona cualquier posibilidad de resonar como sociedad.
