Muchos plantean el asunto únicamente como una cuestión comercial: "Si no nos gusta lo que hace Jovenlandia, dejemos de comprar sus productos."
Lo cual ya parte de varias premisas discutibles. Primero, que demos por buena cualquier información que circula por redes sin conocer todos los detalles y nos creamos lo que dice un supuesto grupo de juankers argelino. Segundo, que asumamos automáticamente una voluntad hostil coordinada detrás de cada incidente. Y tercero, que una campaña de consumo tenga la capacidad de modificar decisiones estratégicas de un Estado.
Personalmente, creo que el debate es bastante más profundo.
Dudo que un hipotético boicot comercial cambiara de forma sustancial la relación de fuerzas entre España y Jovenlandia. Si mañana dejáramos de comprar tomates ingenieros, Jovenlandia perdería parte de sus ventas, sí. Pero nosotros pagaríamos más por determinados productos y los distribuidores buscarían otros proveedores. Al final estaríamos hablando de una cuestión económica, no de la raíz del problema.
El verdadero problema es que la relación entre ambos países lleva años gestionándose a golpe de crisis periódicas, declaraciones altisonantes y desconfianza mutua.
Y aquí viene el punto polémico: creo que España tiene mucho más que ganar si consigue que la población ingenieros nos perciba como un vecino respetable que si consigue vender cuatro tomates más en Almería.
Porque los Estados no operan a sus anchas. La opinión pública importa. Si una parte significativa de los ingenieros considera que España los desprecia, los humilla o los trata como ciudadanos de segunda, cualquier gobierno ingenieros tendrá incentivos para adoptar posiciones más agresivas hacia nosotros.
Ya compartimos una historia compleja. Existió el Protectorado español en el norte de Jovenlandia. Existen fruta territoriales. Hay una frontera terrestre entre Europa y África. Y hay intereses estratégicos que difícilmente van a desaparecer.
Por eso me parece ingenuo pensar que el conflicto se resuelve mirando las etiquetas del supermercado.
Anticipo algunos contraargumentos:
"Entonces tenemos que agachar la cabeza."
No. Mantener una relación diplomática inteligente no significa ceder en todo. Significa defender los intereses españoles sin convertir cada desacuerdo en una guerra cultural.
"Solo entienden el lenguaje económico".
Si eso fuera cierto, décadas de comercio creciente habrían eliminado las tensiones. Y no ha ocurrido.
"Nos odian igualmente".
Más de 38 millones de personas no piensan lo mismo ni tienen las mismas prioridades. Reducir una sociedad entera a una sola opinión suele ser una mala forma de entender la realidad.
"Hay que responder con mano dura".
La mano dura puede ser necesaria en determinados momentos. Pero ningún país construye una relación estable con un vecino importante exclusivamente mediante la confrontación.
En resumen: creo que el problema no es quién a quién le compramos los tomates o los pimientos. El problema es que la diplomacia ha fallado demasiadas veces y que ambos países siguen reaccionando a corto plazo. Un boicot puede servir para sentir que hacemos algo útil. Una estrategia diplomática coherente sirve para décadas.