Markkus
Madmaxista
Dígase lo que se quiera, pero nuestros padres y abuelos tenían un sentido de la vida y de la realidad que nosotros hemos perdido. Tenemos tanta tecnología, confort y comodidades que nos hemos vuelto dóciles y pusilánimes, y nos dejamos robar la vida y el país.
Hemos perdido el carácter, la capacidad de resistir al sistema, la capacidad incluso de pensar creativamente. El sistema nos ha domesticado físicamente y adoctrinado mentalmente a través de la educación y la propaganda; en las últimas décadas incluso nos ha desligado de la vida material con toda la crudeza y realismo que impone para elevarnos a un mundo digital que estimula la infantilización, la alienación social, la simplificación más maniquea y toda la manipulación inherente a las guerras cognitivas que el sistema de usura libra contra la población.
De este modo tenemos generaciones de hombres y mujeres que aun siéndolo biológicamente, no tienen los usos y costumbres que por edad les correspondería, en muchos casos ni siquiera el aspecto físico o capacidad mental que por edad se les habría de suponer. Generaciones que no quieren obra porque es dura, que no están politizadas porque en ellos predomina el nihilismo consumista, que no destruyen mobiliario urbano en una manifestación porque eso es violento, que apenas pueden siquiera plantearse derrocar el régimen existente pese a que éste les esté destruyendo de forma incontestable. Ni siquiera pueden racionalizar más allá de lugares comunes que es lo que nos está sucediendo.
Cuando se cambió al € nuestros mayores medían el valor de las cosas no en la nueva moneda sino en pesetas, de esa forma seguían anclados a una concepción cabal, real, sensata del dinero. Nosotros los que hemos crecido con el euro ya hemos perdido la noción del VALOR REAL de las cosas. Nuestros mayores jamás hubieran aceptado pagar 50 millones de pesetas por un piso random, más de 4 millones de pesetas por un Peugeot o 20.000 pesetas por llenar un carro de la compra.
Asimismo a nuestros mayores les da repelús ver extranjeros en España. Era algo contrario a las tradiciones patrias ver deambular por nuestras calles a forasteros. Nuestra generación con tantos estudios brindados por el sistema y tanta propaganda acepta sin problemas no ya compartir hábitat con extranjeros sino incluso ser sustituido por ellos.
El sistema de usura global nos ha degradado a través de la ingeniería social y manipulación económica para que suceda exactamente lo que está sucediendo: que vivimos en el absurdo, en una suerte de distopía orwelliana 1984. Un delirio colectivo en el cual nos han anulado personal y políticamente, desposeído económica e identitariamente, endeudado, anestesiado, privado de Nación, Historia, comunidad.
Hemos perdido el carácter, la capacidad de resistir al sistema, la capacidad incluso de pensar creativamente. El sistema nos ha domesticado físicamente y adoctrinado mentalmente a través de la educación y la propaganda; en las últimas décadas incluso nos ha desligado de la vida material con toda la crudeza y realismo que impone para elevarnos a un mundo digital que estimula la infantilización, la alienación social, la simplificación más maniquea y toda la manipulación inherente a las guerras cognitivas que el sistema de usura libra contra la población.
De este modo tenemos generaciones de hombres y mujeres que aun siéndolo biológicamente, no tienen los usos y costumbres que por edad les correspondería, en muchos casos ni siquiera el aspecto físico o capacidad mental que por edad se les habría de suponer. Generaciones que no quieren obra porque es dura, que no están politizadas porque en ellos predomina el nihilismo consumista, que no destruyen mobiliario urbano en una manifestación porque eso es violento, que apenas pueden siquiera plantearse derrocar el régimen existente pese a que éste les esté destruyendo de forma incontestable. Ni siquiera pueden racionalizar más allá de lugares comunes que es lo que nos está sucediendo.
Cuando se cambió al € nuestros mayores medían el valor de las cosas no en la nueva moneda sino en pesetas, de esa forma seguían anclados a una concepción cabal, real, sensata del dinero. Nosotros los que hemos crecido con el euro ya hemos perdido la noción del VALOR REAL de las cosas. Nuestros mayores jamás hubieran aceptado pagar 50 millones de pesetas por un piso random, más de 4 millones de pesetas por un Peugeot o 20.000 pesetas por llenar un carro de la compra.
Asimismo a nuestros mayores les da repelús ver extranjeros en España. Era algo contrario a las tradiciones patrias ver deambular por nuestras calles a forasteros. Nuestra generación con tantos estudios brindados por el sistema y tanta propaganda acepta sin problemas no ya compartir hábitat con extranjeros sino incluso ser sustituido por ellos.
El sistema de usura global nos ha degradado a través de la ingeniería social y manipulación económica para que suceda exactamente lo que está sucediendo: que vivimos en el absurdo, en una suerte de distopía orwelliana 1984. Un delirio colectivo en el cual nos han anulado personal y políticamente, desposeído económica e identitariamente, endeudado, anestesiado, privado de Nación, Historia, comunidad.