Un joven de 16 años pide financiación para su estudio de animación
Harris Fatungase tiene 16 años, vive en León y ha puesto su sueño encima de la mesa: montar un estudio de animación con Disney y Pixar como referentes. La entrevista, publicada por EL ESPAÑOL de Castilla y León, ha generado un aluvión de reacciones. ¿Qué hace falta para que un adolescente sin plan de negocio consiga financiación?
Fatungase es hijo de nigerianos afincados en la ciudad hace 23 años y nació ya en León. Este curso termina la ESO y el año que viene empezará Bachillerato. Quiere producir cortos y largometrajes de animación, pero de momento no hay nombre registrado, ni equipo, ni siquiera un ordenador. Las críticas se centran en eso: hay mucha ilusión y poca sustancia tangible.
La viabilidad del proyecto bajo la lupa
Financiar un estudio de animación es complicado incluso con un pipeline definido: exige licencias, equipos potentes y un equipo medianamente estable. Sin producción previa, los inversores no suelen fiarse de una idea. El crowdfunding puede ser una alternativa para proyectos pequeños, pero casi todos los casos exitosos arrastran al menos un prototipo o un teaser.
En la conversación pública se han enfrentado dos posturas. La primera, mayoritaria, sostiene que un proyecto sin estructura no puede pedir dinero en serio. La segunda recuerda que el talento joven necesita oportunidades, y que Disney también empezó con un garaje y un lápiz. El problema es que nadie ha aportado cifras: ni presupuesto, ni costes, ni plan de viabilidad.
Un sueño sin storyboard
La historia de Harris es entrañable, y precisamente por eso la reacción ha sido inmisericorde. Entre el sarcasmo y la defensa de que "el talento no entiende de burocracia", queda una asignatura pendiente: la educación financiera. Saber pedir dinero también es parte del oficio.
Puede que dentro de unos años su nombre aparezca en los créditos de una película. O puede que el único guion que llegue a hacer sea el de aprender que, sin plan, los sueños no se financian. Eso sí, nadie le ha regateado la ilusión.