La nueva camiseta de España: 100 euros que no valen para vestir bien
Pocas cosas concentran tanto despropósito en un solo producto: 100 euros por una camiseta que, según la crítica más compartida, parece un saco de patatas con mangas. La nueva equipación de la selección española, presentada en un tono vainilla que no ha convencido a nadie, ha reabierto una vieja pregunta: ¿por qué el diseño de las grandes marcas sigue empeñado en hacer ropa que no se ajusta al cuerpo?
Cien euros de arpillera frente a los 40 de Joma
La comparación con el fútbol sala resulta demoledora. La camiseta de la selección de fútbol sala, fabricada por Joma, luce dos estrellas desde 2004 —cuando se ganó el segundo mundial— y cuesta una fracción del precio. Quienes la han lucido destacan su patronaje anatómico: hombros anchos, cintura estrecha y mangas que marcan el tríceps. Exactamente lo contrario de la prenda oficial, que cuelga por debajo del codo y se asemeja a una túnica. Italia, hace 15 años, ya demostró que se puede combinar entallamiento y comodidad sin necesidad de gastar una fortuna en publicidad.
La pregunta que sobrevuela: si Kelme o Joma ofrecen un producto superior por menos de la mitad del precio, ¿qué está pagando exactamente el aficionado cuando compra la camiseta oficial de Adidas? El argumento del patrocinio no resiste el análisis cuando el producto es, sencillamente, feo.