Más celiacos sin síntomas digestivos que con ellos
¿Y si el problema no fuera el pan? La especialista en enfermedad celiaca Isabel Polanco Allué lo deja claro en su guía Vivir bien sin gluten: es «mucho más frecuente que un celiaco no tenga síntomas digestivos a que los presente». Cefaleas, migrañas, dolores musculares, tiroiditis autoinmunes, diabetes. Nada que ver con el retrete. Y ahí empieza el problema: si el médico busca diarrea, no encuentra celiaquía.
La patología afecta a un 1% de la población española según la hipótesis de trabajo que cita Polanco, aunque la propia especialista admite que «la cifra puede ser superior». El motivo es que la sintomatología es un cajón de sastre: hay asintomáticos, hay clásicos digestivos y hay extradigestivos que enmascaran el cuadro. La consecuencia es un ejército de infradiagnosticados que llevan años de peregrinaje médico sin nombre para lo que les pasa.
Qué pruebas confirman una celiaquía
El protocolo que describe la doctora es secuencial. Primero, análisis de marcadores serológicos ante la sospecha clínica. Después, «la prueba definitiva es la biopsia intestinal». El problema llega cuando el paciente no tiene diarrea, hinchazón ni pérdida de peso, porque entonces nadie pide el análisis. Y si el paciente se ha autodiagnosticado y lleva meses sin gluten, la prueba pierde fiabilidad.
En el terreno práctico, los relatos que acompañan a este asunto dibujan trayectorias de años. Hay quien acumula cuatro gastroscopias y mil diagnósticos antes de que alguien mire en la dirección correcta. Hay quien descubre la enfermedad por rebote: un bebé que deja de crecer, que vomita a diario, que se sale de los percentiles, y entonces el diagnóstico llega por la hija y no por el padre que llevaba una década con el abdomen hinchado. La celiaquía tiene un componente genético que la doctora subraya: sin predisposición no hay enfermedad, pero con ella el desarrollo depende de factores que aún no se controlan.
La sensibilidad al gluten no celiaca, ese cajón de sastre
Aquí Polanco es especialmente dura. La sensibilidad al gluten no celiaca «es un cajón de sastre y hay que ser muy cuidadoso a la hora de diagnosticar», porque no tiene base autoinmune y se diagnostica por exclusión. Añade la sospecha de que «se abusa de ese diagnóstico» y reconoce que aún no se sabe qué provoca el cuadro de síntomas.
El matiz importa porque separa dos cosas que la conversación pública mezcla sin pudor. Una es la celiaquía, permanente e inmunológica. Otra es la moda. Y la moda tiene coste: la especialista advierte de que autodiagnosticarse como sensible al gluten puede llevar a una dieta poco adecuada, cargada de procesados sin gluten con más azúcar y grasas que el original. «El gluten ni engorda ni adelgaza», sentencia. La dieta sin gluten, bien hecha, se basa en carne, pescado, legumbres, hortalizas, fruta y cereales. No en bollos industriales con sello apto.
El negocio de los productos sin gluten y su letra pequeña
La parte económica del asunto tiene miga. Polanco señala que la moda hace «un flaco favor a los celiacos»: aunque hay más productos sin gluten en el mercado, siguen siendo igual de caros y no siempre llegan con el control riguroso de los elaborados específicamente para celiacos. La lógica industrial que se apunta en la conversación encaja: conseguir según qué texturas sin gluten obliga a reformular, y reformular barato suele significar añadir grasa o azúcar para mimar el paladar.
De ahí la recomendación de no basar la dieta en esos productos. Se pueden consumir, pero no son la base. Y el seguimiento corresponde siempre al especialista, no al criterio propio ni a lo que uno lea en una etiqueta.
La pregunta de partida era si el pan sienta mal. La respuesta incómoda es que muchas veces el pan no tiene nada que ver, y el daño lleva años instalado en forma de migraña, tiroiditis o infertilidad sin diagnosticar. Otras veces el problema es exactamente el contrario: gente sana pagando sobreprecio por productos sin gluten que engordan más que los normales. Dos errores opuestos, un mismo desconocimiento. Y un 1% que, según la propia especialista, probablemente se queda corto.