Una sola palabra para el alimento, el almuerzo y el acto de comer
En castellano, el mismo término sirve para designar el alimento, la comida del mediodía y cada una de las veces que se come a lo largo del día. El planteamiento es sencillo: mientras otros idiomas reservan una palabra distinta para cada concepto, aquí todo se resuelve con
comida. El contexto hace el resto, pero la sensación de pobreza léxica queda ahí. La discusión derivó pronto hacia un terreno más interesante: si esa supuesta carencia es real o es solo pereza de quien habla con ochenta palabras.
Qué palabras existen realmente para cada comida del día
La primera respuesta fue contundente: el castellano sí tiene términos específicos.
Alimento cubre la comida entendida como sustancia;
almuerzo designa la comida del mediodía o de las primeras horas de la tarde; y para cada ingesta existe un verbo propio: desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar. La conclusión es que el idioma no carece de vocabulario, sino que el hablante corriente no lo usa. La misma regla de tres llevaría a decir que el inglés solo tiene una palabra para todo, lo cual es igual de falso.
El problema es que
almuerzo no significa lo mismo en todas partes. En amplias zonas de España se usa para la comida de media mañana, entre el desayuno y la comida del mediodía; en buena parte de América equivale a la comida principal del mediodía. Hay quien recuerda que en su pueblo la comida del mediodía se llamaba merienda y la merienda, merendilla. La geografía manda más que la norma.
El almuerzo que no aparece en el diccionario hasta 1992
Un dato concreto desmonta la idea de que el castellano siempre fue así. La acepción de almuerzo como comida del mediodía no figuraba en el diccionario de
1925 y sí en el de
1992. Es decir, la confusión entre almuerzo y comida es relativamente reciente. Durante siglos, el esquema fue el que aún defienden muchos hablantes: se desayuna, se almuerza, se come, se merienda y se cena, y en medio de todo eso se pica.
Ese desfase tiene una explicación histórica que se apunta en la conversación: en España se come a mediodía muy tarde desde épocas relativamente recientes. Cuando se comía entre las doce y la una, el almuerzo coincidía con la comida principal. El retraso se habría producido a lo largo del
siglo XX, y desde entonces arrastramos la anomalía. La hipótesis que se maneja es que el cambio de huso horario posterior a
1939 tuvo algo que ver: el mediodía solar español dejó de coincidir con las doce del reloj.
Por qué se come tan tarde en España
Si el mediodía solar se desplazó, la comida principal también. Eso obligó a meter una ingesta adicional a media mañana para no llegar con hambre a las dos o las tres de la tarde. Esa comida intermedia es la que en muchas zonas se llama almuerzo, y la principal sigue siendo la comida. El resultado son cinco ingestas diarias, con nombres que cambian según la región y sin que ninguna autoridad lingüística haya impuesto un criterio único.
Hay quien añade una sexta: el resopón. Y quien recuerda que en el norte se habla de la hora del pincho para lo que los mayores llamaban almorzar. La riqueza léxica existe; lo que falta es acuerdo sobre qué palabra va con qué hora.
La queja de fondo: el idioma no distingue mañana de mañana
El hilo deriva hacia otras supuestas carencias del castellano. La más citada: no distingue
mañana como día siguiente de
mañana como primeras horas del día. La confusión se comparte con el alemán y en parte con el portugués. La respuesta es que sí se distinguen, aunque no por la palabra: por el género y la función gramatical. El mañana, masculino, es el tiempo venidero; la mañana, femenino, es el comienzo del día; y mañana sin artículo es un adverbio de tiempo.
Otra queja apunta al doble uso de
tiempo para la cuarta dimensión y para la meteorología, cuando existe oraje. Y otra más, al doble uso de historia para la historia universal y para la historia que se inventa la abuela. El patrón se repite: el idioma tiene recursos, pero el hablante no siempre los activa.
La discusión no se cierra. Unos sostienen que el castellano es perfectamente capaz de distinguir cada comida del día y que el problema es de uso, no de lengua. Otros mantienen que la polisemia de comida es una rareza que otros idiomas resolvieron mejor. El punto exacto donde el análisis se atasca es el mismo del principio: nadie sabe cuántas palabras necesita un idioma para nombrar lo que ya nombra el contexto.