Hazte Oír denuncia a Begoña Gómez y pide la dimisión de Sánchez
Hazte Oír ha trasladado su ofensiva contra Begoña Gómez a la Fiscalía Europea. La organización anunció la interposición de una denuncia contra la mujer de Pedro Sánchez y se atribuyó el liderazgo de una ofensiva judicial en su contra. En el mismo movimiento avanzó que pedirá investigar si habría cobrado en cuentas que la propia entidad describe como «opacas» de su familia y la contabilidad de su máster. Son imputaciones de parte: no consta ni sentencia ni admisión a trámite.
Esa es la foto fija. El marco, en cambio, se discute tanto como el fondo. Porque el pulso no va de un papel sellado, sino de quién consigue imponer su
relato antes de que un tribunal diga nada.
¿Qué denuncia Hazte Oír y ante quién?
La denuncia se dirige contra Begoña Gómez y se presenta ante la Fiscalía Europea, según el anuncio de la propia organización, que enmarca el paso en una ofensiva judicial coordinada. La acusación no se limita a un episodio concreto: la entidad ha anunciado que pedirá rastrear el destino de dinero en cuentas descritas como
opacas dentro del ámbito familiar y la contabilidad del máster.
Conviene separar dos cosas que el ruido mezcla a propósito. Lo primero es un comunicado; lo segundo, una resolución judicial. Hasta donde alcanza lo difundido, solo existe lo primero, y esa distancia es la que sostiene todo el edificio.
La Complutense y el juez: el argumento de la dimisión
Entre los mensajes difundidos por la entidad hay uno que califica de «muy grave» que la Universidad Complutense de Madrid haya pedido ayuda al juez para aclarar lo ocurrido en torno al máster. De ahí salta directamente a la exigencia de que Pedro Sánchez dimita, reclamación que repite en varios mensajes y que convierte un trámite procesal en una moción moral.
La organización sostiene que para el presidente todo lo que incomoda acaba siendo
fango o «bulos», y lanza la insinuación de que la propia universidad entraría en esa categoría. El mensaje no aporta prueba alguna de nada: es una lectura política, y como tal conviene leerla.
La factura de las denuncias que no prosperan
Aquí aparece la grieta. Un participante del debate plantea una duda de método más que de fondo: si la organización acostumbra a denunciar con gran despliegue y después pierde, ¿para qué sirve? La pregunta que lanza es cuántos recursos públicos se han consumido en ofensivas judiciales que terminan sin recorrido.
Esa duda tiene un componente económico, no solo moral. Cuando la vía judicial se convierte en herramienta de comunicación, el coste se reparte entre todos y el resultado se mide en titulares, no en autos. Si el patrón se repite también esta vez, el desgaste no será solo reputacional.
La respuesta que no llega
La otra corriente va en dirección opuesta y es todavía más escéptica: sostiene que todo esto resbala. La tesis es que el Ejecutivo ha convertido la resistencia al desgaste en posición política y que ninguna denuncia mueve el ánimo del presidente mientras no haya consecuencias judiciales tangibles.
El humor ha hecho el resto. Circula la broma de que el hermano del presidente, músico, debería reconvertirse en asesor fiscal. Es una ironía sobre el papel de la familia, no un dato, y así se comenta.
De la verdad al Estado de Derecho: el relato de la entidad
Hazte Oír no presenta el caso como una denuncia más. En sus mensajes se define como defensor de «la verdad y el Estado de Derecho», avisa de que no callarán a los medios
insumisos y asegura que seguirá siendo «voz alzada frente a la tiranía». La cuenta intercala, además, consignas de sus otras campañas, como la defensa de la vida.
Ese envoltorio no es neutral: convierte un procedimiento en un pulso cultural y coloca a la organización en el papel de resistencia. Explica bastante bien por qué el asunto se sigue sobre todo en los medios.
Qué puede pasar ahora
El caso queda donde estaba: en manos de la Fiscalía Europea, sin resolución conocida. Si el organismo admite la denuncia, el asunto ganará recorrido procesal; si la archiva, a la organización le quedará el titular y el desgaste. Con lo que hay sobre la mesa, lo probable es que el debate se mantenga más tiempo en los medios que en los tribunales. Aunque, con estos mimbres, anticipar el final sería temerario.