No hay ninguna prueba de que Dios haya muerto ni de que nadie haya podido matarlo. El relato es una afirmación personal sin verificación posible.
Hay quien cuenta que Dios ha muerto porque él mismo lo mató. La historia, tal como se relata, sitúa el supuesto deicidio en un país de mayoría atea y sintoísta, donde apenas hay construcciones monoteístas. El autor del relato sostiene que, fuera de esos recintos, Dios no era más que uno más, y que tras una discusión le cortó el cuello y su cuerpo desapareció en una especie de vórtice de plasma que, según su cálculo, duró entre 30 segundos y 2 minutos.
Una afirmación sin ninguna prueba verificable
El relato no aporta ningún dato comprobable: ni lugar exacto, ni fecha, ni testigos, ni registro alguno del supuesto vórtice de plasma. La única evidencia que se ofrece es la sensación personal de quien lo cuenta. Eso no es una prueba, es un testimonio. Y un testimonio sin verificación no sostiene una afirmación de este calibre.
Qué es el sintoísmo y qué no
El sintoísmo es la religión tradicional de Japón, un país donde el ateísmo declarado y la práctica sintoísta conviven sin conflicto. Que un territorio tenga mayoría de templos sintoístas no demuestra nada sobre la existencia o el poder de un dios monoteísta. La premisa de que un dios solo puede ejercer sus poderes dentro de sus templos es una afirmación del autor, no un hecho establecido.
La sensación de vacío en los templos
Quien relata esto dice que ahora, al entrar en templos monoteístas, ya no siente que alguien le observa. Esa impresión es subjetiva y no demuestra la muerte de nada. Cualquiera puede sentir algo distinto en un espacio religioso sin que eso confirme una teoría sobre la divinidad.