De un MacBook de 1.500€ a un Chromebook de 150€: la resaca
El portátil de casi 1.500 euros murió por un vaso derramado. Diez veces más barato es el recambio: un Chromebook de 150 euros comprado con prisa, con vergüenza anticipada y con la sospecha de haber tirado el dinero. Los dos números que ordenan la historia son
un MacBook Pro M1 de casi 1.500 € y un equipo nuevo de 150 € que llega para cubrir el hueco. El desencadenante no tuvo épica: un líquido sobre el teclado, el MacBook inservible y una decisión de cartera tomada en horas.
«Se me cayó el vaso entero en el teclado», resume quien compró el portátil caro. Ni placa fundida ni avería de fábrica: un accidente doméstico y una lección de precio. El aparato que costaba diez veces más no sobrevivió al mismo riesgo cotidiano que amenaza a cualquier otro, así que el sustituto, antes de salir de la caja, ya arrastra el runrún de ser
una porquería.
Qué lleva dentro un Chromebook barato de 150 euros
El despiece no tiene misterio. Monta un
AMD A4-9120C —1,6/2,4 GHz, 1 MB de caché L2, dos núcleos—,
4 GB de RAM DDR4-1866 integrada y no ampliable, 32 GB de almacenamiento eMMC, pantalla HD de 11,6 pulgadas a 1366x768 y gráficos Radeon R4. Hay quien lo resume sin piedad: potencia de un
Core2-Duo de 2009, memoria que nunca se podrá tocar y capacidad inferior a la de un pendrive de 8 euros.
Ahí nace la primera trinchera. Para unos, esos 150 euros son dinero tirado a la basura, y lo zanjan con una frase que no admite matices: «mejor 500 bien gastados que 150 tirados». Para otros, el hardware no es el problema. ChromeOS es ligero, el sistema de Google va sobrado para navegar y ver vídeo, y todavía admite aplicaciones de Android y de Linux. La advertencia no falta: con ese procesador, algún día se colgará.
Segunda mano por 90 euros contra un Chromebook nuevo
Aquí el relato se vuelve incómodo para el mercado del estreno. Un portátil comprado de segunda mano cuatro años antes —
A8-4500M de cuatro núcleos, 6 GB de RAM, gráfica Radeon HD4670, pantalla de 17,3 pulgadas a 1920x1080, grabadora de DVD y HDMI— costó 90 € y sigue funcionando. En paralelo aparece otra oferta que se quedó sobre la mesa: un XPS de 17 pulgadas con 16 GB de RAM, un Core i7 Sandy Bridge y SSD, por los mismos 150 euros.
El detalle que más incomoda no es el precio, sino la fecha. Equipos de hace una década que siguen dando servicio, con el disco actualizado y poco más que pedir. Una reflexión que circula por ahí lo dejó clavado: un ordenador de 1991 era imposible de usar en 2002, mientras que uno de 2011 aguanta el tirón sin despeinarse. El progreso tecnológico, medido en uso real y no en folleto, se ha ido quedando en el sitio.
Por qué «x86» sigue mandando cuatro décadas después
La conversación deriva, como suele, hacia la arqueología. Todo empieza en
1981, cuando IBM sacó un ordenador personal con el procesador Intel 8086 y arrastró tras de sí una familia entera de máquinas compatibles. Luego llegaron AMD y Cyrix a fabricar procesadores compatibles, y el reinado circunstancial de MS-DOS, MS-Windows y NT terminó pesando más que cualquier estándar escrito. Los Amiga y los Mac iban por otro lado, con Motorola 68K y después PowerPC, hasta que en
2004 los Mac se convirtieron en un PC x86 con una BIOS modificada. La moraleja que se saca de todo esto: lo que domina no siempre es lo mejor, sino lo que se impuso primero.
Qué marcas de portátiles duran y cuáles no
La compra reabre el viejo pleito de las marcas. Hay quien coloca a Dell como lo mejor del mercado, con permiso de los ThinkPad de Lenovo, y reconoce que HP, con su sistema de refrigeración discutible, es de las que más tiempo aguantan. La lista de las malas de verdad, según esa misma corriente, la encabezan Packard Bell, Sony, Samsung y Asus. Alguien replica que tiene un Asus con cinco años funcionando; otro saca un Airis de 2003 y sube la apuesta. La pelea no se cierra porque no hay forma de cerrarla.
El pedido sigue «procesando» y el uso real del aparato
Mientras el pulso sigue, la compra no termina de llegar. Dos días después de pagar, el pedido seguía en estado «procesando», con la impaciencia de quien ya no tiene equipo. La duda de fondo es para qué se quiere: vídeo, algo de ofimática y navegación, incluido el contenido para adultos que el comprador reconoce sin pudor. Para ese uso acotado, el sistema ligero cumple, y hay quien sostiene que el chip ARM queda cubierto por la garantía.
Con estos precios de entrada, la compra barata seguirá ganando la primera ronda y perdiendo la segunda. El Chromebook llegará, se encenderá y hará lo que su ficha promete, ni más ni menos. Si aguanta mejor de lo que su hardware sugiere, los agoreros tendrán que recular; si se atasca al mes, los 150 euros quedarán amortizados por el lado amargo. Nadie que haya escrito en esa conversación sabe todavía de qué lado caerá la moneda.