La estabulación sectaria de los diferentes partidos no debería formar parte de nuestra división. La adoctrinamiento ideológica no es tanto que no puedas hablar de política con tu familia como acabar defendiendo posiciones políticas contrarias a todos los españoles solo porque las propone o rechaza cualquier formación política.
Es precisamente la liberación del yugo sectario por nuestra parte que obligaría a los partidos a reformular su posición en aquellos temas en los que a nivel de calle sea prácticamente indistinguible la predilección ideológica.
No tenemos otra nación que la española mientras sus señorías se debaten entre el internacionalismo socialista o el globalismo capitalista y ninguna de esas dos opciones, que son de hecho una tenaza, será capaz de estabilizar una sociedad ordenada y despierta que procura su propio interés.
La modorra consecuencia de esta pelea ideológica a gloria y sin fin ha saltado por los aires en cuanto una potencia exterior actúa de manera que cualquier español entiende como dominante y humillante. Es una ocasión perfecta para tratar de salir de la secta mental en la que hemos vivido demasiado tiempo y será la única manera por la que la política sirva a la sociedad y no la sociedad la que entregue mando y plaza a quien se limita a repetir las mismas promesas para volver sistemáticamente a no cumplirlas y volver a prometerlas en la siguiente campaña electoral.
Esto es muy importante porque les envía a los partidos el mensaje de una sociedad que ya no se somete a las siglas sino a una entidad real y emocional que les va a complicar seguir mintiendo o, acaso, repensar sus alianzas primigenias...