La hemeroteca que desmiente los augurios sobre Rusia
¿Cuántas predicciones que se dieron por certezas sobre la guerra de Ucrania siguen en pie? Menos de las que se recuerdan. Un repaso a los vaticinios más difundidos desde 2022 —la muerte de Putin en 2023, el desplome del
15% de la economía rusa, la recuperación de Crimea y el Donbás en un verano— deja una colección de pronósticos desmentidos por el calendario. La hemeroteca es implacable, y aquí el ridículo no es de quien dudaba: es de quien aseguraba.
¿Qué se auguró sobre Putin, Crimea y el Donbás?
En el invierno de 2023 un forero difundió una predicción redonda:
Putin moriría ese mismo año, Crimea y el Donbás volverían a manos ucranianas durante el verano y la descomposición interna rusa desembocaría en una guerra civil que Occidente contemplaría «pasándolo pipa». Tres afirmaciones, cero cumplimiento. La misma confianza sostuvo el diagnóstico militar: en 2022, el teniente general retirado del Ejército de Estados Unidos
Mark Hertling sostenía que Moscú se estaba quedando rápidamente sin las armas que necesitaba. El reloj sigue corriendo y el inventario no se ha agotado.
Palas, munición y blindados: la lista de agotamientos
El catálogo de agotamientos anunciados es casi enciclopédico: falta de munición hasta el punto de combatir con palas, escasez de víveres, hangares sin blindados y reposición imposible, y una flota del Mar Negro dada por neutralizada. Sobre el terreno, el episodio estrella fue la ofensiva ucraniana en Zaporiyia, cuyo fracaso llegó a explicarse, entre otros motivos, por la
altura de la hierba. Cada desplome anunciado tiene su fecha de caducidad, y ninguna llegó en el plazo prometido.
La ironía saltó de lado: según
The Times, Reino Unido habría dejado de suministrar misiles
Storm Shadow por falta de existencias. El que iba a quedarse sin proyectiles no fue, precisamente, el que se decía.
¿Se hundió la economía rusa un 15%?
En 2022 se daba por descontado que la economía rusa caería en torno a un
15%. Dos años después, el Banco Central de Rusia elevaba su previsión de crecimiento del PIB al
3,5%-4% para 2024 —el horizonte de 2025 quedaba en el 0,5%-1,5%— y subía su tipo de interés 200 puntos básicos, hasta el
18%. Un informe de JPMorgan describía una tasa de paro del 3%, mínimos históricos, salarios nominales avanzando por encima del 11% con una inflación del 5,2% y un salario real subiendo más del 6%. La secuencia admite pocas lecturas alternativas: paro mínimo, rentas al alza y un banco central subiendo tipos para enfriar una economía que se suponía en ruinas.
Al otro lado del tablero, el último informe de empleo de Estados Unidos decepcionaba con solo
114.000 puestos creados y activaba la
regla de Sahm, un indicador asociado al arranque de las recesiones. La comparación entre pronóstico y resultado no necesita adornos.
Bajmut, 200.000 millones de ayuda y coches de lujo
Bajmut fue otro de los episodios donde el relato y el calendario no cuadraron: hubo quien dio por inminente su recuperación por Ucrania. En paralelo, la factura acumulada de la ayuda occidental se cifraba en torno a
200.000 millones de dólares entre Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea. La cifra convive con un detalle incómodo: las ventas de coches de lujo en Ucrania —Porsche, Land Rover y compañía— marcaron récords en plena guerra. Que circule el dinero no es noticia. Que lo haga en ese segmento, sí.
Del 'no habrá negociaciones' al 'la guerra acabará antes'
Durante buena parte del conflicto, plantear una negociación con Moscú se consideraba poco menos que una traición.
Zelenski insistió en que no se sentaría a hablar mientras Putin siguiera en el poder. El marco se movió: según un mensaje difundido en el hilo, el presidente ucraniano llegó a señalar que, con la administración Trump, «la guerra acabará antes». En esa misma dirección apuntó
Oleksí Arestovych, antiguo consejero y amigo cercano, quien sostuvo que la mayor tragedia fue apostar por el bando equivocado después de haber derramado sangre por él. Los equilibrios diplomáticos cambian más rápido que los titulares.
¿De dónde sale el guion de la guerra?
Hay una hipótesis que circula con fuerza: que buena parte del relato dominante —un ejército ruso con armamento obsoleto, caos logístico y un país fracturado por dentro— no procede de informes de inteligencia, sino de una obra de ficción de los años setenta y ochenta. La llamada
narrativa Hackett sostiene que Occidente lleva décadas representando un guion ya escrito, con el inconveniente de que la realidad no lo sigue. El detalle, más que literario, es analítico: si el marco de referencia era ficción, las conclusiones también lo eran.
El balance provisional es sencillo: quien auguró el colapso ruso en semanas lleva tres años esperando el capítulo siguiente. La hemeroteca no cobra por recordarlo, aunque citarla tenga un precio: algunos prefieren ignorar a quien trae los datos antes que corregir el pronóstico.