Feijóo rechaza el artículo 102 y el PP se enreda con Marruecos
La crisis de Ceuta ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué relación mantiene el Partido Popular con Marruecos? Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez negocia con Rabat, la oposición liderada por Alberto Núñez Feijóo ha rechazado aplicar el artículo 102 de la Constitución para juzgar al presidente por supuesta traición. El argumento esgrimido: «No es lo apropiado». Una respuesta que ha levantado ampollas en amplios sectores, que ven en ella una muestra de la connivencia entre los dos grandes partidos.
La oposición que no quiere juzgar
La decisión de Feijóo de no apoyar la apertura de un procedimiento judicial contra Sánchez ha sido interpretada por muchos como un paso más en la estrategia de «falsa oposición». Se argumenta que el PP y el PSOE comparten intereses en Bruselas y en la política exterior, especialmente en lo que respecta a Marruecos. No es una teoría nueva: el hilo recuerda que ambos partidos votan juntos en Europa en la mayoría de las ocasiones, y que existe un supuesto lobby mixto, denominado «ACENTO», que influiría en el 90% de las legislaciones favorables a Rabat. La coincidencia de intereses se extiende al terreno económico, donde la agricultura española se ve perjudicada por la entrada de cítricos marroquíes más baratos, mientras PP y PSOE apoyan las políticas verdes de Bruselas que agravan el problema.
La conexión económica: cítricos, lobbies y acuerdos
El subforo de Economía no podía dejar de lado el impacto comercial. Se menciona que los agricultores españoles se ven obligados a arrancar naranjos ante la competencia de Marruecos y Sudáfrica, mientras el bipartidismo vota de la mano las políticas que facilitan esa competencia. Además, se apunta a que Marruecos utiliza las crisis migratorias como instrumento de presión para negociar con la UE: financiación, cooperación migratoria, comercio, acuerdos pesqueros, agricultura, movilidad y seguridad. La crisis de Ceuta, en este sentido, no sería un episodio aislado, sino una palanca geopolítica que Rabat sabe manejar con precisión.
La presión de Rabat: cartas, exministras y amenazas
El hilo recoge varias informaciones que apuntan a una influencia marroquí directa sobre el PP. Se menciona una carta enviada a Feijóo en la que Rabat le advertía de que debía seguir los pasos de Sánchez en el Sáhara Occidental, bajo amenaza de consecuencias. También se recuerda que la exministra Ana Palacio, del PP, fue contratada por Marruecos para defender su posición sobre el Sáhara. Y no falta el episodio de Gustavo de Arístegui, que en 2011 habría sido objeto de una operación de influencia por parte de los servicios marroquíes. Son datos que, tomados en conjunto, dibujan un escenario en el que el PP no solo no confronta con Rabat, sino que parece alineado con sus intereses.
La prensa internacional también ha recogido el pulso. Le Monde titulaba su editorial del 1 de agosto «L’exploitation éhontée de la crise de Ceuta», criticando la instrumentalización política del episodio. Corriere della Sera, por su parte, comparaba la crisis con la Marcha Verde de 1975, señalando que Marruecos emplea movimientos de población como herramienta de presión geopolítica. Y la prensa marroquí, como The Voice Morocco, reivindica abiertamente Ceuta y Melilla, reconociendo que Sánchez ha favorecido los intereses de Rabat.
El análisis se atasca en un punto: si el PP tiene tanto que ganar con la confrontación, ¿por qué no la ejerce? La respuesta que circula es que ambos partidos son necesarios para mantener el «régimen del 78», y que una caída del PSOE arrastraría al PP. Pero esa explicación, por plausible que resulte, no cierra del todo el interrogante sobre qué debe exactamente el PP a Marruecos.