Bitcoin sufre un 'fork', Chipre lo dispara y el hilo arde
El precio rebota entre
37 y
47 dólares, la red se parte en dos cadenas durante unas horas y el hilo pasa de las quince páginas. Aquí ya no se discute la cotización: se discute si bitcoin es dinero, ficha o estafa.
Qué se ha sabido
El
bloque 225430 rompe la cadena. La versión
0.8 del cliente genera bloques más grandes de lo que admite la
0.7, y durante unas horas conviven dos ramas. Se minan
11 bloques en la paralela. Se pide a mineros y comercios que vuelvan a la 0.7. MtGox para las transferencias. Los movimientos anteriores a ese bloque están a salvo; los posteriores, en el aire. En unas seis horas queda resuelto y, según los defensores de la red, no se pierde ni un satoshi. El hashrate ronda ya los
32 Ghash/segundo.
Misma semana, corralito en Chipre. El rescate recorta entre el
7% y el
10% de los depósitos de la isla. El hilo agarra el ejemplo y no lo suelta: aquí, dicen, el dinero sale de un banco sin que nadie recorte a mitad de camino.
Max Keiser, en vídeo, suelta que bitcoin se llevará un
10% del mercado y que puede valer entre
100.000 y 1.000.000 de euros. Un forero hace números con los mineros ASIC: el aparato más potente anunciado por Butterfly Labs cuesta
25.000 dólares, ofrece hasta
1.500 GH/s y, con la dificultad del momento, se amortizaría en muy pocos días. El problema es que las máquinas no llegan.
El post-mortem de la caída de Skype en 2010 sirve para comparar: un sistema de pares mal actualizado, otro incidente, otra vuelta atrás.
En prensa: El Mundo le dedica
«La divisa de la semana, el bitcoin», con la sospecha de que inversores en Malta compran en grandes cantidades. Forbes anuncia el primer fondo de cobertura de bitcoin, también desde Malta. La EFF deja de aceptar donaciones en bitcoins y Paxum corta con el negocio. El BCE calcula que los instrumentos de pago se comen el
1% del PIB europeo, unos
130.000 millones de euros al año. Y en el mercado de metales, una casa vende la onza Kruger a
38,5436 BTC cuando el spot está en
1.569 dólares: un 10% de prima que a más de uno le huele mal.
Dónde está la bronca
Entra un participante, GenEgoista, que no viene a discutir el precio sino a desmontar el objeto. Su tesis: bitcoin es
moneda fiduciaria sustitutiva, una ficha de casino. Vale lo que valen los exchanges que la convierten en euros o dólares; sin ventanilla, cero. Cada vez que la red se atasca o un exchange cae, dice, queda demostrado. Segundo golpe: los clones. Si se pueden lanzar infinitas criptomonedas, la oferta de fichas no tiene techo. Tercero: el anonimato. Trae un trabajo de la University College de Dublín según el cual las transacciones se pueden rastrear.
La respuesta llega en tromba. Que los clones no se mezclan. Que un navegador no se devalúa porque existan otros. Que el dinero es confianza y esta se gana con el tiempo. Que la tecnología sobrevive aunque el precio caiga. Y que el mercado, al rebotar tras el fork, está votando que el fallo no cambia nada.
La pelea sobre la deflación ocupa páginas. Unos sostienen que si el dinero se revaloriza solo nadie gasta, todos atesoran y el crédito se seca. Otros responden que la deflación solo es mala en un sistema inflacionario, que en una economía referenciada a bitcoin el equilibrio se mueve a otro punto. Se citan el patrón oro y la curva de Gartner. Nadie cede.
También se cruzan los que defienden que un desplome no tocaría al proyecto —si bitcoin cayera a un dólar, especulan, los mineros seguirían minando— con los que recuerdan que las casas de cambio pueden irse a cero. Una cartera que mueve
2.900 BTC en círculos, con
290 BTC en comisiones en
32 días, aviva la sospecha de que alguien simula volumen. Un participante trae además la parodia que rebautiza el invento como
moneda entre pares, con su propia historia y su propio minero.
Qué cambia respecto a antes
Hasta aquí la pelea era por la cotización. Ahora es por lo que bitcoin es. El fork pone a prueba la maquinaria en público: se rompe, se revierte y el precio aguanta. Para los de dentro, eso vale más que cualquier gráfico. Para los de fuera, es la prueba de que una moneda que se parchea como un programa no puede llamarse moneda.
Chipre mete un argumento nuevo: no hace falta que bitcoin sea dinero perfecto, basta con que otro sistema sea peor. La prensa generalista entra en tromba, Malta incluida, entre un fondo de inversión y una noticia en El Mundo. Y quien venía avisando de que la tecnología quedaría obsoleta tiene que vérselas con los propios desarrolladores, que publican un añadido para tapar el rastro de las transacciones y lo presentan en un simposio de seguridad en Silicon Valley.