BITCOIN Y LO VALIOSO EN SÍ MISMO (1/1)
A la luz de las consideraciones anteriores podemos decir que #Bitcoin no es:
No es solo una estructura descentralizada,
tampoco sería una promesa de salvación.
No es solo una innovación técnica,
no es solo una forma superior de riqueza.
No es solo un símbolo,
No es solo un número.
No aparece como una nueva doctrina,
No aparece como reforma sarracena.
Ni como una revelación interior.
BITCOIN es mucho más simple y más radical.
Aparece como un hecho. Un hecho inequívoco. Un hecho duro y seco. Sin ruido de palabras, sin confusión de opiniones, sin fausto de honra, sin luchas de argumentos.
Por primera vez en mucho tiempo aparece algo en el plano mas exterior, más mundano, mas duro de la realidad; algo que no depende de nada ni nadie, sino que responde a determinada lógica interna.
No se funda en autoridad,
no se sostiene en confianza,
no se legitima por consenso.
Simplemente está ahí, obedeciendo una Ley que ningún hombre puede torcer.
No porque sea santo,
sino porque es incorruptible.
Y eso lo cambia todo.
No es el Bien en sí. Pero ya no sirve al mal estructural.
No es la Verdad en sí. Pero no puede mentir.
No es la Belleza en sí. Pero posee la desabrigadez dura de lo necesario.
Indica un límite.
Una línea que no se cruza.
No participa de lo divino por esencia, sino por obediencia.
No es lo sagrado, pero expulsa una corrupción esencial: que La Medida de las Cosas dependa de la voluntad de poder, y no de la Ley Eterna inscrita en el orden del universo.
Y es que cuando la Ley Primera vuelve a hacerse efectiva en el orden civilizatorio, el valor de las cosas deja de ser una cuestión de convención; ya que su justicia señala inequívocamente hacia aquello que es lo valioso en sí mismo.
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