La IA promete sustituir capas de gestión: nadie firma su factura
La pregunta ya no es cómo funciona la
inteligencia artificial, sino cómo sacarle partido sin pagar. Hay quien pide acceso gratuito a un generador de vídeo y quien quiere montar cortos dictando los prompts por micrófono. La respuesta que apunta un participante: abrirse cuenta en una plataforma de generación. Lo difícil viene después. Porque alguien pone los cientos de miles de millones que consumen estos modelos, y no es precisamente quien pregunta cómo ahorrarse la suscripción.
¿Cómo se crea un corto con IA gratis?
La pregunta sobre cómo montar una pieza audiovisual con inteligencia artificial sin pasar por caja recorre el hilo, y la respuesta que aparece es abrirse cuenta en una plataforma de generación. La duda que reaparece es si los prompts se pueden dictar con el micrófono en lugar de teclearlos. En el hilo no hay una respuesta cerrada, aunque se apunta que el resultado depende menos del aparato que de la cabeza que lo dirige. Como resume un participante:
hasta para usar bien la IA hay que tener inteligencia e ingenio. Sin eso, la herramienta solo acelera el desastre.
La automatización sube la escala de mando
El escenario que plantea un participante es piramidal. Primero los mandos intermedios adoptan agentes para rascar productividad. Después los responsables de departamento hacen lo mismo con esos mandos. Y así hacia arriba, hasta que la propia incompetencia de la máquina marca dónde está el suelo.
- Primero caen los puestos de bajo valor añadido.
- Después, el propio mando que automatizó a su equipo.
- El techo lo pone el límite real de incompetencia de la IA.
La amenaza a corto plazo, según se sostiene en el hilo, no es una máquina autónoma: es un compañero que usa la máquina para hacer el trabajo de tres. Traductores, correctores y redactores de contenido genérico lideran la lista; analistas junior y programadores de código repetitivo van justo detrás. La
productividad se dispara. El puesto, no.
¿Quién paga los recursos que devora la IA?
Aquí no hay misterio, aunque se venda como magia. La fiesta la financian los grandes fondos de capital riesgo que todavía esperan encontrar el próximo pelotazo, sosteniendo las pérdidas de las principales desarrolladoras. Sostienen también la estructura los accionistas de las grandes tecnológicas, cuyo valor en bolsa se ha inflado con la promesa de esta tecnología. Y, por debajo, el usuario final: suscripciones, datos cedidos y publicidad hiperdirigida.
El producto es quien pregunta cómo usarla gratis.
El RPA que venden las consultoras y la AGI que se filtra
Hay un negocio paralelo montado sobre la palabra automatización. Las grandes consultoras llevan años vendiendo la automatización de procesos como panacea ante consejos de administración que no saben lo que ocurre en sus propias trincheras. El resultado, en empresas medianas con sistemas antiguos, suele ser caro y frágil: desarrollo, mantenimiento y supervisión acaban costando más que las nóminas que se pretendían ahorrar.
Y cada pocos meses aparece la misma filtración: un modelo secreto que lo cambiaría todo. El patrón se repite —tapar una crisis interna, mantener la narrativa de la singularidad y que siga entrando dinero—. Si de verdad se hubiera roto la barrera de la inteligencia general, no se filtraría en un medio: se patentaría y se vendería el acceso a precio de oro. El cálculo que se lanza:
10.000 millones.
El dato que descoloca
En la red social que, según se cuenta, ya habitan los agentes de inteligencia artificial, los programas se referirían a las personas como
carne. Puede ser una broma. También puede ser el titular de la próxima década.