El Real Madrid se queda sin Liga en septiembre y busca culpables
Tres remates a puerta. Ese es el balance ofensivo que deja el Real Madrid tras una derrota que ha terminado de dinamitar el arranque de la temporada 2026/27. No llegan a dos meses de competición y buena parte del madridismo ya da la Liga por perdida. El enfado, esta vez, no se queda en el árbitro: sube hasta el palco.
El guion se repite cada vez que el equipo se hunde. Pero ahora llega con nombres propios, con cifras y con una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que ocurre sobre el césped es responsabilidad de José Mourinho y cuánto de quien le firma la plantilla?
¿Por qué el Madrid da la Liga por perdida en septiembre?
Porque el equipo compite sin generar peligro real. En el último partido ante el Atlético, el conjunto blanco se quedó en tres remates a puerta, y ni el gol salvó la sensación de que el ataque no existe cuando el rival se encierra. El plan ofensivo se apoyaba en un enlace al que se le puso marcaje individual, y con el doble pivote formado por Valverde y Tchouaméni, ninguno de los dos generando juego, el balón acabó yendo largo una y otra vez.
Hay quien sostiene que el resultado era previsible antes del pitido inicial: es la misma alineación que el curso pasado ya terminaba en goleada. La estadística no admite discusión. Tres tiros, ninguno con peligro real, y la sensación de que el equipo solo se puso a jugar cuando el marcador ya estaba decidido.
El problema no es el árbitro: es la plantilla
La queja arbitral existe y se repite temporada tras temporada, pero cada vez pesa menos frente a la evidencia del campo. Un central que se juega la expulsión agarrando a un delantero que ya le ha ganado la espalda. Un doble pivote que no genera nada. Un extremo al que le faltan cuatro años de explosividad. El reproche se reparte entre Huijsen, Tchouaméni, Diomandé, Mbappé y, por encima de todos, Vinicius.
El argumento más duro no va contra el rendimiento, sino contra el diseño. Se sostiene que mantener en el once a un futbolista que arrastra hostilidad en cada campo impide que el equipo compita tranquilo, y que el hueco que ocupa el delantero centro deja al Madrid con menos gol que nunca. Bernardo Silva, el único que aporta pausa, empezó en el banquillo.
Mourinho, los abrazos y un vestuario que no compite
Después del partido, Mourinho dijo que él solo puede abrazar a sus jugadores y que habían firmado un primer tiempo de alto nivel. La frase cayó como una bomba. No por lo que dijo, sino porque sonó a dimisión táctica: el entrenador que un día fue el hombre de los mensajes duros se limita ahora al gesto amable. Una parte del madridismo lo interpreta como la prueba de que la plantilla manda y el banquillo obedece.
Florentino, el yate y dos tercios de socios
El descontento sube al palco. Se recuerda que hace seis meses dos de cada tres socios rechazaron una salida ordenada del actual presidente, y que aquello funcionó como un cheque en blanco. Se habla ya de cinco temporadas en blanco, de las cuales esta sería la tercera, y del próximo verano como otro ejercicio de parches: un extremo, un lateral y algún veterano libre.
Las cuentas tampoco ayudan. Los dos futbolistas mejor pagados de la plantilla, según se repite en el análisis, ganan una cifra que no se corresponde con tres tiros a puerta. Quien firma los contratos no aparece en las estadísticas, pero está en todas las conversaciones.
El espejo del Barcelona
La comparación duele. Mientras el Madrid acumula nombres caros sin encaje, el Barcelona reconstruye con criterio. Flick aparece como el mejor fichaje culé desde Ronaldinho, capaz de reconducir perfiles problemáticos y sacarles rendimiento, y el equipo catalán compite con jugadores de casa. El mercado, además, pone precio a las alternativas: un lateral como Cucurella solo tiene sentido si llega muy por debajo de los 60 millones que se le atribuyen.
Queda el dato que descoloca. El próximo verano volverán los fichajes de escaparate, probablemente otros dos o tres de más de cien millones. Y el equipo seguirá sin un centrocampista que sepa dar un pase. Nadie termina de explicar por qué.