Islas Feroe: los hombres que buscan novia en Filipinas y Tailandia
En las islas Feroe, un archipiélago danés de algo más de 50.000 habitantes perdido en el Atlántico norte, hay más hombres que mujeres. La brecha supera los 2.000 individuos según los artículos de la BBC de 2013 que se citan al abrir el asunto, y la causa principal que señalan esos textos es precisamente esa escasez. El resultado es un mercado matrimonial desequilibrado donde una parte de los varones locales ha dejado de buscar pareja en el pueblo de al lado.
La consecuencia tiene nombre y apellidos:
mujeres de Filipinas y Tailandia que llegan a las islas para casarse con hombres feroeses. Un documental recoge el caso de una mujer filipina que formó familia en el archipiélago, y los datos suecos que se manejan en la conversación apuntan en la misma dirección: de los tailandeses residentes en Suecia, el
79% son mujeres, y 12.446 mujeres de origen tailandés están casadas con hombres suecos. El patrón se repite en la vecina Finlandia.
Por qué las mujeres feroesas se van y los hombres se quedan
La explicación que más se repite tiene que ver con la geografía y con el mercado laboral. Las jóvenes feroesas se marchan a estudiar a la Dinamarca continental y muchas no vuelven. Los hombres se quedan trabajando en el campo y en el mar. Es un fenómeno que no es exclusivo del archipiélago: en muchos pueblos las mujeres son más proclives a cursar estudios superiores y a emigrar, mientras los varones heredan el negocio familiar o el puesto en la industria pesquera.
Las islas, además, no ayudan. Están conectadas por túneles subterráneos, viven en buena medida de los derechos de pesca y de las transferencias del Estado danés, y no tienen ni un solo árbol. Hay quien describe el lugar como un sitio de belleza inhóspita, apto para hipsters y para quien no necesite más que internet y una ración de carne de orca. Para criar a un niño, la descripción que se hace no es precisamente idílica.
El argumento demográfico: ¿preservar el acervo o buscar donde sea?
Aquí es donde la conversación se parte. Una corriente sostiene que lo deseable sería preservar el acervo genético diferenciado y que resulta llamativo que quienes se presentan como antirracistas sean los más dispuestos a mezclarlo. La misma corriente admite, sin embargo, que si hay que traer pareja de fuera, quizá tenga más sentido buscarla en Ucrania o en Lituania, más cerca y —según este relato— menos afectadas por lo que llaman políticas igualitarias dañinas.
La respuesta contraria no se hace esperar. Se argumenta que las mujeres tradicionales europeas son ya una generación en extinción, que las del este que viven en España no son ni más guapas ni de mejor carácter que las españolas, y que muchas conocen perfectamente las leyes de género. Frente a eso, se dice, una mujer filipina busca una vida tradicional, sencilla y monógama. La idealización de la europea del este, viene a decirse, es eso: una idealización.
El caso sueco y finlandés como espejo
El fenómeno no es feroés. En Escandinavia es común ver a hombres blancos casados con mujeres tailandesas, y los datos que se citan lo respaldan: el
79% de los tailandeses en Suecia son mujeres y 12.446 de ellas están casadas con suecos. En Finlandia la situación se repite. La lectura que se hace de esas cifras es que el desequilibrio demográfico y las políticas de igualdad han empujado a una parte de los varones escandinavos a buscar pareja fuera de sus fronteras.
Hay quien va más allá y sostiene que todo blanco que engendre con una persona no blanca debería ser desterrado de Europa. Es una postura minoritaria y extrema, pero está en la conversación. En el lado opuesto, se recuerda que España lleva veinte años aplicando un apartheid de facto contra las españolas y que muchos hombres eligieron parejas del Este, asiáticas o hispanoamericanas mucho antes de que llegara ninguna invasión.
El desequilibrio de género en el mercado matrimonial
La otra pata del asunto es el esfuerzo asimétrico. Se argumenta que los hombres se machacan en masa —gimnasio, ropa cara, postureo, viajes— mientras una parte de las mujeres ha adoptado el fat-aceptance, el dejarse y el feminismo como bandera. Si el mercado matrimonial es un contrato social donde cada parte pone algo, el desequilibrio de inversión explica por qué muchos varones miran fuera.
Y luego está la letra pequeña. No todo el mundo lo ve bien: hay quien señala que las mujeres del Este que viven en España no son más guapas ni de mejor carácter, y que algunas han utilizado las leyes de género para hundir a hombres de los que se cansaron. El matrimonio, se dice, es en gran medida un contrato donde el hombre pone unas cosas y la mujer otras, y donde el amor químico dura dos años.
Lo que queda por resolver
El archipiélago seguirá perdiendo mujeres jóvenes hacia Dinamarca y seguirá recibiendo mujeres del sudeste asiático. Si en un par de generaciones queda alguien blanco en esas islas es una pregunta que nadie responde con datos. Lo único claro es que el desequilibrio demográfico tiene consecuencias, y que las islas Feroe son el laboratorio más pequeño y más frío donde se está probando.