Anéantir: 734 páginas de Houellebecq que dividen a sus lectores
Michel Houellebecq ha firmado su novela más ambiciosa y, de momento, la más discutida.
Anéantir se publicó en
Francia el 7 de enero, suma
734 páginas y no llegará a las librerías en castellano y catalán hasta finales de agosto, según la previsión de la editorial Anagrama. Flammarion la lanzó con el reclamo habitual: la octava novela del autor, tres años después de
Serotonina, y la promesa de otra disección de las angustias que no se confiesan en voz alta.
El problema, o la gracia, es que no se parece a lo que anuncia. Ni es solo un thriller geopolítico, aunque haya atentados, espías y un fondo esotérico. Ni es únicamente un melodrama familiar, aunque tenga a un patriarca ingresado en una residencia del Beaujolais. Tampoco es la crónica de una campaña electoral y ya está, aunque sus protagonistas sean dos candidatos con nombres y apellidos reconocibles.
Qué cuenta Anéantir: tres historias y un año de fondo
La novela entrelaza tres tramas que se desarrollan a lo largo de aproximadamente un año. La primera sigue a Bruno Juge, ministro de Economía y Finanzas que concurre a las presidenciales de 2027 como número dos de Benjamin Sarfati, estrella de un programa de televisión. Ambos han sido designados por un presidente a punto de agotar su segundo mandato: no se le nombra, pero es Emmanuel Macron. Sarfati funciona como trasunto del presentador Cyril Hanouna y Juge está inspirado en el ministro Bruno Le Maire.
La segunda arranca con el infarto cerebral del padre de Paul Raison, un espía jubilado que acaba postrado en un pueblo de la región vinícola del Beaujolais. La enfermedad fuerza el reencuentro de los hijos: una hermana católica y simpatizante de Marine Le Pen, una cuñada periodista sin escrúpulos y la segunda esposa consagrada a cuidar al enfermo.
La tercera narra una serie de atentados: contra un buque de contenedores frente a la costa de A Coruña, contra un banco de esperma en Dinamarca y contra una embarcación con migrantes en aguas de Ibiza y Formentera.
La Francia de 2027 que sale de las urnas de la novela
Aquí llega la primera sorpresa. La Francia que deja Macron en 2027 es, en contra de lo que sostienen «los profetas de la desdicha», una potencia industrial y tecnológica. Y todo eso ocurre, se lee en el libro,
sin contestación social y sin huelgas, en un ambiente de aprobación sorprendente. El propio autor queda retratado con ironía en ese pasaje: era uno de los agoreros a los que la novela corrige.
El protagonista, Paul Raison, ronda los 50 años, trabaja como hombre de confianza del ministro Juge y responde al arquetipo de siempre: cínico, solitario y formado en la Escuela Nacional de Administración, la misma cantera de la que salió Macron. Su apellido lo dice todo: lo fía todo a la razón. «¿Era él responsable de este mundo?», se pregunta el narrador. «En cierta medida sí, pertenecía al aparato del Estado, sin embargo, no amaba este mundo».
Hay además personajes que opinan sobre los musulmanes y sobre las mujeres en unos términos que, trasladados a la política francesa, equivaldrían a los del candidato de extrema derecha Éric Zemmour. Las primeras lecturas lo señalan como una marca de la casa.
El padre en coma, la eutanasia y el amor conyugal
Houellebecq, contrario a la eutanasia, pone en boca de un personaje una razón incómoda: «La verdadera razón de la eutanasia, en realidad, es que ya no soportamos a los viejos, ni siquiera queremos saber que existen. Es por eso que les aparcamos en lugares especializados, fuera de la vista de otros humanos».
En esa parte sitúan varios lectores lo mejor del conjunto. Una de las lecturas más repetidas resume
Anéantir como una celebración del amor conyugal, y en concreto del amor conyugal sin hijos. Otras voces subrayan el tema de fondo: la fragilidad de la existencia y la soledad del hombre contemporáneo en un mundo sin dios.
Los atentados que no llevan a ninguna parte
La recepción está lejos de la unanimidad. Las críticas más duras apuntan al desenlace de la trama terrorista: al final
no se sabe quiénes eran ni qué buscaban, y esa línea queda sin cerrar. También hay quien considera que el libro se hace largo por momentos y que le falta alguno de esos pasajes que dejan al lector pensando durante días, presentes casi en cada novela anterior del autor.
El tramo final, a partir del diagnóstico de cáncer del protagonista, es el que más consenso genera entre quienes ya han terminado las 734 páginas: ahí el libro remonta. El reproche es que remonta tarde. Y una parte del público se queda simplemente fría, porque esperaba otra cosa del octavo Houellebecq.
Por qué algunos lectores recomiendan dosificar a Houellebecq
El autor tiene un efecto secundario documentado por su propia clientela: la negatividad. Quien ha encadenado su obra completa en pocas semanas describe un bajón anímico serio, y la recomendación que circula es alternarlo con otras lecturas, sobre todo en temporadas de estrés. Hay quien sostiene que estas novelas no deberían abrirse con la moral baja.
A eso se suma una queja comercial: la demora de medio año entre la edición francesa y la española. Parte del público considera que ese retraso empuja a buscar el libro por otras vías, y no faltan los que traducen el cabreo en argumento de consumo: si tardan seis meses en traerlo, el dinero se queda en casa.
Una conclusión positiva, por casualidad
El volumen se cierra con un capítulo de agradecimientos en el que el autor explica lo útil que le resultó documentarse con médicos y, jugando con su fama de pesimista sin remedio, remata con ironía: «Acabo de llegar por casualidad a una conclusión positiva; es hora de parar».
Houellebecq tiene 65 años, vive instalado en el estatus de icono pop —figura incluso como personaje en el último álbum de Astérix— y arrastra una legión de lectores que recibe cada entrega como un oráculo del ocaso europeo. Con esas credenciales,
Anéantir debería encontrar público en España en el otoño. Si el desencanto que reportan las primeras lecturas se confirma en castellano, el recuerdo del libro se quedará en la balada conyugal y no en el thriller. Aunque, tratándose de este autor, conviene no apostar en firme: la misma novela que decepciona a unos suele ser la que engancha a otros durante años.