Ucrania se vacía: la ley de movilización deja las calles sin hombres
El 18 de mayo de 2024 entró en vigor la nueva ley de movilización ucraniana y el resultado, a juzgar por los vídeos que circulan, es un país en pausa. En Odesa, en Zaporiyia, en Dnipró y en Kiev, las plazas y los mercados amanecieron sin transeúntes, sin coches y sin vendedores. Un comerciante de Zaporiyia lo describía con crudeza: «No hay gente en la calle, no hay transeúntes, nadie va a ningún lado». La escena se repite en cada ciudad grande.
La ley no solo afecta al frente. También alcanza a quienes sostienen la retaguardia: conductores de camión, personal de mantenimiento, trabajadores del transporte público. El resultado es una parálisis que empieza a notarse en servicios básicos.
Qué cambia la nueva ley de movilización
La norma amplía el universo de reclutables y endurece las condiciones para salir del país. Los transportistas internacionales ya no pueden cruzar la frontera sin una autorización militar expresa, lo que ha dejado a cientos de camiones bloqueados. Según los medios ucranianos, la protesta de camioneros ha cortado la autopista Kiev-Odesa con centenares de vehículos parados.
El problema no es solo la falta de conductores. Es que la ley ha eliminado exenciones que antes protegían a sectores enteros. Los camioneros habían quedado fuera de las prórrogas para trabajadores esenciales, y ya se han producido casos de conductores movilizados con camiones abandonados en la cuneta. El combustible, que llega por carretera, es el siguiente en la lista.
El transporte público y el agua, en el aire
En Dnipró, el alcalde ha advertido de que el servicio de transporte público se suspende porque se han llevado a los conductores. Y no es el único servicio en riesgo: según esa misma advertencia, el suministro de agua potable y el resto de servicios municipales podrían correr la misma suerte en cuestión de días.
Hay quien sostiene que el personal de mantenimiento del alcantarillado ya no está y que en Dnipró y Kiev empiezan a notarse problemas de saneamiento. Es el tipo de detalle que no sale en los titulares de guerra pero que explica por qué un país deja de funcionar: sin camioneros no hay reparto, sin reparto no hay género en las tiendas, y sin mantenimiento el sistema se atasca.
Los exentos que no lo estaban tanto
La ley dejó flecos para más adelante. Los policías quedaron exentos sobre el papel, pero eso no impide que se envíen algunos miles. Los funcionarios públicos, unos 160.000, quedaron para una fase posterior; de ellos, alrededor de 120.000 son mujeres, que tienen prohibida la salida del país.
El dato que más incomoda en ciertos círculos es otro: hay decenas de miles de mujeres militares profesionales que aún no han pisado el frente. La discusión sobre por qué no se recurre a ellas antes que a los camioneros es una de las corrientes que recorre el asunto, con el argumento de que la igualdad proclamada no se aplica a la hora de repartir el riesgo.
El efecto dominó sobre la economía
El círculo vicioso es fácil de describir. Muchos trabajadores dejan sus puestos por miedo a ser localizados allí mismo, en el tajo. Algunos negocios cierran o no dan servicio. En los hipermercados, según los relatos que circulan, apenas queda una cajera al final de la jornada y nadie repone estanterías.
El transporte por carretera es la pieza que más preocupa. Todo lo que se consume en el día a día llega por camión. Sin transportistas, el cálculo que se maneja es que en una semana la población se queda sin suministros básicos. O se les da un salvoconducto a los camioneros o la segunda parte de la película empieza a rodarse sola.
El frente y la retaguardia, la misma ecuación
La lectura más repetida es que la movilización masiva no responde solo a la necesidad de reemplazos en el frente, sino a un problema de personal que ya afecta a la logística de retaguardia. Si se recluta a camioneros y a conductores de autobús, es porque la bolsa de reclutables se ha estrechado.
En el otro extremo del argumento está quien sostiene que más gente en el frente solo retrasa lo inevitable, y quien apunta que el objetivo real nunca fue ganar la guerra sino prolongar el desgaste. Las dos lecturas conviven sin resolverse. Lo que sí es verificable es la escena: ciudades desiertas, camiones parados y servicios públicos al borde del colapso. ¿Cuánto tarda un país en dejar de funcionar cuando desaparecen los que lo hacen funcionar?