Iberos y vikingos: la genética desmonta el mito del parentesco
¿Tienen los españoles sangre vikinga? La pregunta reaparece cada cierto tiempo en debates identitarios, alimentada por teorías sobre la presencia nórdica en la península. Pero los avances en genética de poblaciones han disipado cualquier vínculo directo.
La genética ibérica moderna es el resultado de la mezcla de cazadores-recolectores occidentales con agricultores neolíticos llegados de Anatolia hace unos 9.000 años, más influencias mediterráneas y norteafricanas. Por su parte, los vikingos proceden de Escandinavia, con un perfil genético que combina cazadores-recolectores del norte y, tras la Edad del Bronce, aportaciones esteparias. Linajes distintos, geografías distintas.
El debate, eso sí, ha derivado hacia lo identitario. Se ha llegado a afirmar que los españoles son "los europeos más genéticamente originales" por haber resistido invasiones asiáticas y conservar una carga genética paleolítica. Una hipótesis discutible, pero que revela la necesidad de anclarse en un pasado prestigioso. Mientras tanto, en las redes se bromea con el contraste: en lugar de drakkars, chárteres a Benidorm.
Conclusión: la fascinación por lo vikingo es más cultural que genética. Y no hay nada de malo en ello —salvo para quien necesite demostrar datos que la herencia no respalda.