Id asumiendo que el conflicto global ya está aquí
El mundo no va hacia una guerra: ya está dentro de una. Esa es la tesis que sobrevuela una discusión de casi cinco años en la que se mezclan el virus, Ucrania, Taiwán y la sensación de que algo gordo se está cociendo. La conversación arranca con una advertencia: «Nunca sabremos exactamente las razones que se esconden detrás de todos los acontecimientos», pero lo ocurrido en los últimos años invita a pensar que si se cambió el mundo con un virus, no habrá reparos en cambiarlo con un conflicto. La idea que vertebra todo es la de un choque orquestado en lo macro y real en lo micro, con los de arriba moviendo piezas a distintas velocidades.
El virus como ensayo general
La comparación con la pandemia es el hilo conductor más repetido. Si en febrero de 2020 todo el mundo estaba tranquilo y en semanas se pasó al confinamiento global, ¿por qué no iba a ocurrir lo mismo con una escalada militar? Esa analogía, que aparece una y otra vez, sirve para explicar por qué muchos no se creen los plazos: «Me recuerda cuando el covi, que en febrero estábamos todos tranquilos». La secuencia que se dibuja es la de una
fase 2 de lo mismo: primero un virus, ahora tensiones mundiales, falta de suministros y una agenda que se va implantando por etapas. Hay quien lo resume con una frase que se repite: «El enemigo real es la población».
Ucrania, Taiwán y los frentes que se abren
El conflicto en Ucrania es el escenario inmediato. Se sigue con atención el cerco a Kiev, la negociación que se sienta en la mesa y la sensación de que Rusia no quiere destrozar el país, porque eso «estaría hecho en el primer día». Pero el análisis no se queda ahí: hay quien sostiene que el primer frente fue la guerra comercial de Estados Unidos contra China, y que el segundo es Ucrania, con el Maidán y la salida de Yanukóvich como punto de partida. La idea de un mundo tripolar gana peso. Y aparece el temor a que el conflicto se extienda: se menciona que Japón reclama las islas Kuriles y que China podría acabar dominando Siberia por la vía económica y tecnológica, sin necesidad de mover un soldado.
España, Marruecos y el estrecho como excusa
En clave nacional, la discusión deriva hacia el papel de España en un escenario de conflicto. Una de las propuestas más repetidas es la de desmarcarse con un conflicto cara a la galería con Marruecos, para poder decir que «nos están jodiendo los del Sur» cuando los del norte pidan ayuda o los del este y el oeste quieran apretar. Otra corriente aboga por una entente con Portugal y Marruecos para controlar el estrecho y organizar un sistema autosuficiente al estilo iraní. Y hay quien va más allá: «España debe aprovechar para declarar la guerra total a Marruecos y arrasar el país, crear un estado libre en el Sahara amigo de España». Son planteamientos que se cruzan con el debate sobre inmigración y bandas, y con la idea de que el conflicto ya existe en forma de llegada de migrantes a Canarias.
La OTAN, la UE y el riesgo de escalada
La actuación de la OTAN y de la UE es otro de los ejes. Se critica que la UE esté empeñada en meterse en el conflicto a toda costa, con la puerta abierta a Ucrania y la entrega de material, y se recuerda que algo parecido, a menor escala, fue lo que Alemania esgrimió para atacar al Lusitania y declarar la guerra a Estados Unidos. La sospecha de que se busca provocar otra guerra en Europa para destruir la Europa sin armas nucleares aparece con fuerza. Frente a eso, la postura de que Rusia no quiere destruir Ucrania y que la negociación sigue abierta. El resultado es un cuadro de opiniones encontradas sobre si la OTAN suaviza o aviva el conflicto.
El Gran Reset, la agenda y el control
El marco ideológico que muchos ven detrás es el del
Gran Reset infinitas veces anunciado. Se habla de la Agenda 2030 en su máximo esplendor, con una fase de reducción de consumo y población hasta 2025 y otra después para llegar a 2030 con todos los puntos implantados. La superpoblación aparece como el problema de fondo: «Hay que elegir o reducimos esto con una pandemia o nos cargamos a un tercio, al menos, de la población con una guerra». Y sobrevolando todo, la sospecha de que el dedo en el botón lo tienen las élites que manejan a la población como roedores. La referencia a 1984 es explícita: tres potencias en continua guerra para justificar el hambre, la miseria y el control infinito.
El reclutamiento, los travelos y el humor como válvula
El tono se aligera cuando se aborda el reclutamiento. La pregunta de si llamarán a filas a los travelos desata una cadena de ironía: «Es para pensarse el cambiarse legalmente de sexo, es un trámite administrativo. Hay que aprovecharse del progresismo para éstas cositas». Y la respuesta más repetida: «Si no están vacunados no». El humor sirve de válvula de escape en un escenario que, de otro modo, resultaría asfixiante. También aparecen los pronósticos más disparatados, como el del meteorito, y la referencia a que «como mucho habrá una o dos explosiones nucleares», con la ironía de que todo esto pilla con un gobierno progresista y de izquierdas, y que «salimos más fuertes».
La pregunta que queda abierta
Al final, la discusión no cierra. Unos ven el conflicto como algo inminente; otros, como una guerra fría 2.0 que se librará en despachos y restaurantes. La única certeza compartida es que llevamos décadas en guerra, aunque no se libre en los campos de batalla. Y que, como dice uno de los mensajes, «los de arriba todo lo usan para llevar a cabo miles de planes a distintas velocidades». Con ese panorama, la predicción más honesta es la de que el conflicto seguirá siendo orquestado en lo macro y real en lo micro, sin que nadie termine de ver el guion completo.