Ucrania abre la horquilla de reclutamiento de los 18 a los 60 años
El general Valery Zaluzhny ha presentado ante el Parlamento ucraniano la segunda gran movilización para sostener el esfuerzo de guerra tras dos años de invasión rusa. La norma, que según las informaciones publicadas debería salir aprobada de la Rada, no fija edades concretas: las autoridades irán llamando «paulatinamente» a los perfiles que necesiten dentro de una horquilla que va de los
18 a los 60 años. En la primera leva, Ucrania tiró de decenas de miles de voluntarios que hicieron cola en los banderines de enganche, algunos llegados del extranjero; los llamados obligatoriamente fueron los que ya habían servido en el Donbás en 2014 o tenían servicio militar. Por eso muchas brigadas de combate estaban compuestas por veteranos de más de 45 años.
Qué castigos prevé la norma para quien no se presente
El texto recoge los clásicos correctivos para quien eluda la llamada del Estado. Si el recluta no se presenta ante el centro de reclutamiento dentro de los
10 días naturales siguientes a la fecha de entrega de la citación, el centro solicita al tribunal que le retire el derecho a viajar fuera de Ucrania, a conducir un vehículo y que se le incauten sus fondos y otros objetos de valor depositados en bancos y otras instituciones. La letra pequeña de esa confiscación patrimonial ha disparado las comparaciones con episodios históricos de expolio y ha abierto un subdebate propio: cómo proteger el ahorro cuando el Estado puede vaciarte la cuenta.
Cuánto cobra un soldado raso y cuántos días libra al año
Cada soldado raso percibirá
20.000 grivnas mensuales, casi 500 euros, y deberá permanecer disponible mientras la Ley Marcial siga en vigor. El reclutado tendrá derecho a un mínimo anual de
15 días de descanso. Además, no se volverán a contratar funcionarios públicos para la policía o la fiscalía si no han pasado antes por el servicio militar. El paquete retributivo ha sido leído por una parte del análisis como una oferta modesta para un puesto con expectativas de vida discutibles; otra corriente subraya que la cifra supera el salario medio de amplias zonas del país y que, en tiempos de guerra, es una salida económica para quien no tiene otra.
Dos o tres meses de formación, cinco para los pilotos
Los entrenamientos constarán de «dos o tres meses de formación», aunque en algunos casos se alcanzarán «los cinco meses como máximo» si hablamos, por ejemplo, de pilotos de aviación. La Unión Europea ha renovado todos sus programas de entrenamiento de militares ucranianos, de modo que buena parte de los nuevos reclutas se formarán en países aliados como España. El calendario aprieta: si la leva se hiciera en marzo, habría que contar al menos otros dos meses para ver a esos soldados en el frente, lo que llevaría a abril o mayo. Si Ucrania quiere intentar una nueva ofensiva en primavera, tendrá que esperar a rozar el verano.
Mujeres, Azov y el 80% de armamento que sigue en inventario
Este proceso abre las puertas a las mujeres de forma más activa. Una buena parte de los carteles para atraer voluntarios va dirigida a ellas: ya son el
17% de todos los militares del país, con escasos ejemplos combatiendo en primera línea pero cada vez más presentes en el pilotaje de drones o la medicina de combate. En paralelo, milicias como Azov, integradas ya en la estructura del ejército, han ido haciendo su propia recluta de voluntarios, por lo que están mucho menos exigidas que las brigadas que participaron en la contraofensiva de Zaporiyia el pasado verano, con una tasa de muertos y heridos cercana al
50%, especialmente unidades como la 47 y la 65. Para sostener todo esto, según el material publicado, Ucrania conserva el 80% de todo el armamento entregado por sus aliados en 2023 más lo que llegue este año, como los más de 60 cazas F16.
La lectura más dura: carne de cañón y cronología del desgaste
El anuncio ha sido leído en clave de agotamiento. Hay quien sostiene que las levas obligatorias se suceden desde hace un año y que los voluntarios son ínfimos; que la formación anunciada es un señuelo para que el recluta piense que va preparado cuando en realidad se le destina a rellenar trincheras. Otros apuntan a que la prioridad será captar población rusófona y de minorías para enviarlas con nula instrucción a ganar tiempo, mientras se prepara tropa de cierta calidad para una próxima ofensiva. El escenario más pesimista dibuja un goteo de bajas sostenido durante meses. En el lado opuesto, la lectura oficial insiste en que el proceso es la consecuencia lógica de una guerra de desgaste y que sin reposición no hay frente.
La comparación histórica que más se repite es la de las últimas levas alemanas de 1945, con adolescentes en filas. La diferencia que subrayan los más críticos es el tiempo de instrucción: entonces se formaba durante meses; ahora, en muchos casos, se envía directamente. Con estos mimbres, lo razonable es esperar que la Rada apruebe el texto y que el primer contingente llegue al frente entre abril y mayo. Lo que pase después depende de algo que no controla Kiev: cuánto aguante la sociedad ucraniana repitiendo el proceso, y cuánto aguante Occidente financiándolo.