Impresora láser o térmica para etiquetas MRW: la cuenta que nadie hace
Un negocio recién creado, un contrato con MRW y una pregunta aparentemente simple: ¿qué impresora comprar para imprimir las etiquetas de envío? La respuesta oficial de la empresa de paquetería, según quien abrió el asunto, es que basta con «una impresora láser». Traducido: el transportista facilita las etiquetas en formato A4 —varias por folio, con su programa propio— y el
autónomo se busca la vida para imprimirlas. A partir de ahí, el presupuesto se dispara o se contiene según la elección, y las cifras que manejan los que ya han pasado por esto van de los 60 euros de una láser monocromo de hace años a los 300 de una térmica profesional.
El dilema no es tecnológico, es de amortización. Una impresora de etiquetas térmica imprime sin tóner ni tinta, solo con papel termosensible, y hay quien la consigue de segunda mano por 20 euros. Una láser A4, en cambio, gasta cartucho cada cierto número de páginas y obliga a cambiar el tambor de impresión cada pocos años. La pregunta que decide es cuántas etiquetas al día se van a imprimir. Según un cálculo que circula entre los participantes, por debajo de cincuenta, la láser gana. Por encima, la térmica empieza a compensar.
Qué pide MRW y por qué condiciona la compra
MRW no vende impresoras. Da etiquetas en A4 y un programa para rellenarlas. Eso significa que cualquier láser monocromo sirve, siempre que el usuario no pretenda imprimir cien etiquetas por minuto. El formato es el que es: folio estándar, varias pegatinas por hoja, y a cortar o despegar. Quien haya tratado con agencias de transporte sabe que el tamaño de la etiqueta puede cambiar si la dirección decide modificar el formato, y ahí una láser A4 sigue funcionando mientras una térmica de ancho fijo se queda corta.
La alternativa que varios señalan es la del sobre transparente autoadhesivo: imprimir en folio normal, meter el papel en la funda plástica y pegarla en el paquete. Es la opción más barata —papel común y una funda— y protege la etiqueta de la lluvia. El problema es que no siempre encaja con el tamaño del bulto ni con las exigencias del transportista.
El coste real del tóner: la estafa del 5% de cobertura
Aquí aparece el dato que descoloca. Los fabricantes calculan la duración de un cartucho suponiendo que solo se imprime un 5% de tinta por página. Es decir: si divides un A4 en cien cuadrados y solo cinco van totalmente en negro, esas son las condiciones del anuncio. En la práctica, una etiqueta de envío ocupa bastante más que ese 5%, así que las 480 páginas prometidas se quedan en la mitad o menos. La cuenta rápida que circula es dividir por cuatro y multiplicar por tres: de 480 a 360, y tirando largo.
El precio del tóner compatible cambia por completo la ecuación. Un cartucho de marca puede costar 30 euros para 1.400 páginas; uno compatible, 7 euros para 2.000. La proporción se invierte. Quien haya sufrido una Epson de inyección con cartuchos que duraban dos semanas entiende el cabreo.
Brother, HP y la trampa de los modelos infinitos
La marca que más se repite es Brother. Buena fama, pocos problemas, precios que rondan los 120 euros en modelos de entrada. HP aparece como la más fiable según algunas experiencias, pero con la sospecha de que la casa fabrica cincuenta modelos distintos de la misma gama, con cartuchos incompatibles entre sí, para que el comprador nunca sepa qué está comprando. El precio de un mismo modelo puede pasar de 118 a 160 euros en cuestión de días.
La recomendación que se impone para un negocio que arranca: láser monocromo, A4, con cable, sin wifi, y tóner compatible. La térmica solo si el volumen lo justifica. Y siempre preguntar a MRW antes de comprar, porque el formato de la etiqueta lo decide quien la emite, no quien la imprime.
Queda un cabo suelto que nadie cierra: la factura. Si el negocio necesita emitir facturas en papel, la misma láser sirve, pero hace falta una plantilla PDF que no se pueda modificar después de rellenarla. Word y convertir a PDF es la solución cutre. La elegante cuesta dinero. Como casi todo.