ING cae y deja a sus clientes sin operar
La banca online vuelve a demostrar su talón de Aquiles. Un problema técnico dejó a ING sin servicio durante al menos 24 horas, según los afectados, que desde primera hora de la mañana se encontraron con que no podían entrar ni por web ni por aplicación. La entidad reconoció el fallo a través de su atención telefónica: un incidente que, según los afectados, tumbó el servicio en todo el país. El detalle que escuece es que no se trata de un episodio aislado, sino de una avería que, según los afectados, se repite cada dos o tres meses y que cada vez tarda más en resolverse.
Qué ha pasado y cuánto ha durado la caída de ING
El patrón se repite: primero falla la app, después la web, y el cliente descubre que no puede consultar saldos, hacer transferencias ni operar con el bróker. En esta ocasión, el servicio arrastró la avería desde primera hora y hubo quien, pasadas más de cuatro horas, seguía sin poder acceder. Algunos usuarios lograron entrar a media tarde, pero se toparon con un aviso de mantenimiento que solo permitía consultar datos, no operar. Otros, directamente, seguían bloqueados al día siguiente.
El fallo tiene una derivada especialmente incómoda: el sistema de doble autenticación. Si la aplicación se cae, la verificación por notificación también se va al garete, de modo que el cliente no puede acceder ni siquiera por navegador. Un banco que presume de digital convirtió su propia medida de seguridad en un candado que dejó fuera a quien quería entrar. Solo cuando habilitaron la autenticación por SMS, algunos pudieron operar por web.
Por qué falla tanto un banco que solo existe en internet
La externalización es el elefante en la habitación. Una parte del servicio de atención y gestión está subcontratada a un tercero, con plantilla de alta temporalidad y salarios bajos, según sostiene un forero que dice conocer el sector. El argumento que circula es incómodo: si la información bancaria de los clientes pasa por manos con poca formación y contratos precarios, la privacidad financiera queda en entredicho. La contrapartida es un coste bajo, y ahí está la trampa del modelo.
A esto se suma la sospecha técnica que sobrevuela cada caída: un certificado caducado sin renovar. Es la hipótesis que gana enteros, según algunos usuarios, cuando el fallo se prolonga más de lo razonable y la entidad no da explicaciones claras. Un banco es confianza, y solo confianza, como sostiene un forero. Cuando esa confianza se cae a pedazos cada pocos meses, el cliente empieza a mirar alternativas.
Reclamar pérdidas por la caída del bróker naranja
Aquí llega el dato que muchos desconocen. En episodios anteriores, la entidad compensó a clientes que documentaron correctamente las pérdidas sufridas en su bróker durante el apagón, según relata un forero. Hubo reclamaciones que se pagaron sin necesidad de acudir al defensor del cliente. La clave está en guardar las capturas de los mensajes en los que la entidad reconoce el fallo y la hora exacta en que el servicio volvió a funcionar.
El cálculo completo, con los títulos afectados y las horquillas de precios entre las que se movieron, es lo que da peso a la reclamación. Sin ese desglose, la petición se queda en nada. La entidad, eso sí, tiende a agarrarse a un clavo ardiendo para no pagar, según un forero, así que la documentación lo es todo.
Alternativas a ING y el dinero físico como seguro
El goteo de clientes hacia la competencia es real. Hay quien ya ha trasladado casi todo su saldo a otro banco online, y quien mantiene una cuenta de respaldo para no depender de una sola entidad. El argumento que se repite: no puedes confiar tus operaciones importantes a un servicio que se cae sin avisar. Otros bancos digitales tampoco salen bien parados, con caídas y fallos en transferencias similares, según algunos foreros.
La conclusión que saca más de uno es de Perogrullo: tener un remanente de dinero en efectivo para emergencias. Si se caen los servicios, los cajeros y las tarjetas a la vez, el que va sin un euro en el bolsillo se queda en pelotas para comprar el pan. La temeridad de pagar hasta el café con tarjeta tiene su factura el día que el sistema dice basta, sostienen algunos usuarios.
El servicio volvió, más o menos, con cuentagotas y por barrios. Unos entraban y otros no. La entidad no ha explicado qué pasó exactamente, y esa es la parte que nadie termina de digerir: un banco sin oficinas donde quejarse en persona, con una avería que se repite y sin una explicación que cuadre.